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LA ADOPCIÓN Y LA ADOLESCENCIA

LA ADOPCIÓN Y LA ADOLESCENCIA

La adopción: un sinuoso camino que va desde la más alta ilusión y expectativas a la frustración de transitar un arduo periplo durante años hasta que se consigue. Sin embargo, una vez conseguido, las dificultades no terminan ahí. Como en cualquier crianza se abre un proceso de retos, alegrías y desafíos para los que conviene estar preparados. En un porcentaje significativo de casos algunos padres y madres se encuentran que de convivir con niños adorables han pasado a tener en su casa adolescentes enfadados con el mundo que aparentemente les odian con todas sus fuerzas. Las familias adoptivas necesitan un acompañamiento, especialmente en la adolescencia, que muchas veces las agencias que les preparan para la adopción no llegan a darles.

Para poder comprender un poco que ocurre con los niños y niñas abandonados por sus padres biológicos y luego adoptados nos puede ayudar mucho la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth. Nos parece una teoría muy importante para entender todo tipo de relaciones humanas, y especialmente las que se producen en la familia, pero en el caso de las adopciones, muchísimo más puesto que puede estar dañado el sistema de vinculación desde etapas muy tempranas. El Apego es una forma de explicar la tendencia de los seres humanos a crear fuertes lazos afectivos con determinadas personas en particular. Los seres humanos tienden a establecer vínculos fuertes, selectivos y duraderos; y la alteración o la amenaza de que se alteren esos vínculos puede causar fuertes emociones y, en última instancia, psicopatología.

La teoría del apego nos explica que a la luz de nuestras primeras relaciones creamos unos modelos operativos internos, una serie de esquemas mentales con los que nos manejaremos en la vida. Estos modelos operativos nos dan datos básicamente de 2 baremos indispensables para la vida, la AUTOESTIMA: ¿soy una persona digna de ser querida y cuidada? y la CONFIANZA EN LOS DEMÁS: ¿es el entorno un lugar seguro?, ¿me puedo fiar en general de que el resto de los seres humanos buscarán mi bien o por el contrario procurarán hacerme daño? En base a estos esquemas estableceremos el resto de relaciones de nuestra vida. Sin embargo, no sólo son relevantes nuestras primeras relaciones, también tienen mucha  importancia las relaciones de apego secundarias y relaciones de amor curativas. Es decir, que esos esquemas se pueden re-escribir a la luz de nuevas experiencias relacionales. En la adolescencia por ejemplo, se reedita o se vuelven a poner a prueba los vínculos afectivos, agudizando el proceso de individuación, de independencia, y queda de manifiesto si los padres han podido ofrecer una base segura para que el adolescente pueda explorar nuevas relaciones y pueda ir mostrando nuevas facetas de su personalidad o si por el contrario, el joven percibe que mostrarse diferente o alejarse de la familia pone en cuestión la pertenencia a la misma. La adolescencia es también un momento en el que habitualmente se intenta recabar más datos sobre la familia biológica y recolocar, odiar, perdonar o intentar  ser de alguna manera leal a su familia de origen.

Enmarcados en esta visión vemos los fuertes condicionantes que pueden tener los niños y niñas acogidos y adoptados ya que sus primeras experiencias de apego suelen ser muy negativas. Se hacen así muy necesarias las terapias y orientaciones familiares en las familias adoptivas para que padres y educadores puedan asomarse a entender el universo del niño acogido

¿CÓMO SE FORMA EL APEGO?

Los modelos de apego en los niños se construyen gracias a una actitud básica, esta es la respuesta sensible. El reaccionar a la necesidad del niño o la niña de manera ajustada tanto en la infancia como en la adolescencia. Es esta respuesta sensible, ni inhibida ni sobreactuada lo que posibilita en última instancia la INDIVIDUACIÓN familiar y la construcción de un buen autoconcepto, una buena autoestima y el valor de la confianza básica en el resto de los humanos. Los padres o cuidadores e incluso los terapeutas tendremos que facilitar  un conjunto equilibrado de conductas tanto de  de protección como de interés, que proporcionen sostén, seguridad y fomento de su autonomía, que estimulen al niño a explorar y a aprender sin temor.

Los padres, tienen la difícil tarea de ver al niño como un ser humano con su propia individualidad y sus propias necesidades, no como una extensión de sí mismos o un objeto de logro de sus propias expectativas.  Cuando los padres pueden dar la entidad de sujeto al niño o la niña y sobre todo al adolescente, pueden  ofrecer libertad en sus elecciones, pero no la libertad descuidada de quien se desentiende de la vida de su hijo, sino una libertad acompañada de una interacción reflexiva con él o ella.

Los padres y madres tendrán que trabajar la capacidad para ofrecer empatía y una respuesta sensible y la habilidad para entablar conversaciones significativas con sus hijos en las que se practique la capacidad de reflexionar sobre temas interpersonales. En estos diálogos socráticos el adolescente aprenderá que cada persona tiene una mente propia una manera diferente de ver el mundo, lo cual le da indirectamente permiso para diferenciarse y le invita a respetar otras opiniones como se respeta la suya. Para ello los padres y educadores tendrán que manejar razonablemente bien sus propios sentimientos de vulnerabilidad y de inseguridad para no relacionarse con el menor desde el uso de algún tipo de mecanismo de defensa. Mario Marrone dice que esta capacidad reflexiva se convierte en una forma de sistema inmunológico mental.

LAS ETAPAS DEL APEGO

  1. PRIMERA FASE: formación del apego (6 semanas-6/8 meses): sensibilidad social indiferenciada: cualquier ser humano es bienvenido.
  2. SEGUNDA FASE: apego bien definido (6/8 meses-18/24 meses): etapa del culmen del apego donde la relación entre bebé y cuidador está consolidada. Es cuando se produce, de manera adaptativa la ansiedad de separación. Si la criatura se siente segura explorará su entorno y si se asusta o se hace daño, buscará a su “persona segura”.
  3. TERCERA FASE: formación de una relación recíproca (18/24 meses en adelante). En esta fase eclosionan capacidades como la representación y el lenguaje, el niño puede comprender mejor situaciones como la ausencia y presencia del cuidador y predecir su regreso. Hay una menor necesidad de mantener la proximidad con el cuidador principal y hay menos protestas ante la separación. Se va desarrollando noción de uno mismo. Si hay un abandono en esta fase, la capacidad de auto-regularse (emociones e impulsos) sin la presencia del cuidador puede quedar dañada. Así como la conciencia social, es decir cómo puede afectar mi conducta a otros, la empatía. Una base segura es necesaria a su vez para el desarrollo neurológico óptimo, para el desarrollo de los lóbulos frontales, en su defecto, podrían verse comprometidas las habilidades ejecutivas (habilidades cognitivas).

 EL APEGO EN LA ADOLESCENCIA DE NIÑOS Y NIÑAS ADOPTADAS

A veces, los modelos operativos internos adquiridos en una infancia de abandono o maltrato es inevitable que obedezcan a ideas como: no sirvo para nada, no me puedo fiar de los demás, me tengo que hacer daño porque necesito ser castigado o porque la angustia me supera, nadie que presente interés en mi permanece, todo el mundo me acaba abandonando, quien me conoce realmente me rechaza, hay algo malo en mí, por eso me abandonan…(baja autoestima, desconfianza en los demás, ideas autopunitivas, desvalorización…) con las cuales los y las adolescentes interpretan el mundo y a sí mismos. Muchas veces estas ideas no se perciben desde fuera puesto que los niños han aprendido a presentar una conducta falsamente adaptada. Son niños  que han podido no “dar problemas” a lo largo de su infancia, que han seguido muy a rajatabla las normas pero que han mantenido a todo el mundo a una marcada distancia afectiva. Esa ha sido a su manera, su traje de protección. Es en la adolescencia cuando esa contención se puede ver desbordada y cuando puede aparecer la crisis en la familia y en el niño o la niña. Cuando empieza a poner a prueba el vínculo y experimenta con: “si no cumplo las normas y todas sus expectativas, ¿me seguirán queriendo?, ¿cuánto de incondicional es su amor?” Es una prueba dura y difícil para los padres a la que les tocará responder con serenidad y empatía. Para ello, el conocer las posibles dificultades en su apego y generar una expectativa realista que permita reconocerle su sufrimiento y su defensa, sin por ello justificar sus actos negativos y celebrar todos los pequeños avances que se vayan produciendo, permitirá al adolescente ir ganándole seguridad a su patrón de apego.

Es importante que conozcamos la importancia de los primeros años de vida en la conformación de nuestro cerebro, de la importancia de la respuesta sensible, el contacto físico y un ambiente de cuidado, protección, estimulación y afecto. Desconocerlo genera sobre todo en la adolescencia una sorpresa y a veces rechazo de los padres hacia el adolescente que está incumpliendo las expectativas que se crearon en el proceso de adopción. Es muy significativo el alto grado de re-abandonos que se producen en torno a la adolescencia y el importante daño que esto puede producir en el niño o niña adoptada.

¿QUÉ PODEMOS HACER?: LOS TRAJES PARA SOBREVIVIR

Los apegos inseguros han de comprenderse como adaptaciones del niño, como un TRAJE que éste debe ponerse para hacer frente al patrón relacional distante, negligente, insensible, invasivo o incluso violento. Por eso en la terapia, como dicen Barudy y Dantagnan lo que hemos de hacer es honrar este traje porque es el que le ayudó a sobrevivir.

En ocasiones contamos en terapia este cuento que simboliza muy bien esta metáfora de los trajes

CUENTO DE LA BARCA

Érase una vez un hombre que caminaba por el bosque. Le quedaba poco para llegar y estaba contento, sin embargo el destino le hizo topar con un gran y caudaloso río, demasiado bravo como para cruzarlo a nado.
Tras mucho cavilar, el hombre decidió hacer una barca con sus propias manos.
Pasó días recogiendo madera y lianas para hacerla y cuando lo consiguió, pasar el río no fue ningún problema.
Sin embargo, al otro lado de la orilla le dio pena dejar tamaña obra suya atrás y decidió acarrearla.
Sus pasos pronto fueron más cansados y sus piernas comenzaron a temblarle a las pocas horas del cansancio. Sus pies se hundían en el fango y cada vez le faltaba más el aliento debido a la carga extra que suponía la barca.
Finalmente y con tristeza, miró la barca y decidió dejarla atrás. Sin embargo el hombre, ya había aprendido a hacer barcas y podrá volver a hacer otra cuando lo necesite.

                 Intentemos no “patologizar” los patrones de apego, puesto que han sido adaptativos en las diferentes situaciones que le ha tocado vivir al niño o la niña. Lo que sí que podemos tener en cuenta que es que los patrones de apego inseguros pueden ser factores de riesgo para el futuro. El trastorno de apego se puede dar cuando el daño al vínculo de apego sucede a edades tempranas (0-3 años) en etapas extremadamente sensibles para la formación de un vínculo de apego seguro y un adecuado neurodesarrollo y habiendo padecido de manera prolongada abandono y maltrato severos.

EL APEGO ADULTO: SEGÚN NUESTRA HISTORIA (RECORDADA)

                Y lo que es más crucial, esta seguridad no depende tanto de los hechos que hayamos vivido en la historia personal, por muy problemáticos que sean, cuanto del empeño por COMPRENDER esa historia. (Wallin, 2012)

Es decir, es una buena terapia comprender e integrar cómo nuestros procesos de apego en la infancia influyen o pretenden influir en nuestras relaciones adultas en el contexto de una relación de aceptación incondicional (como es la terapéutica) para poder explorar otros nuevos patrones de apego. Los autores lo llaman apego ganado a la seguridad, es decir, personas, que con una alta capacidad reflexiva, van transformando sus patrones de apego inseguros en mayores cotas de resiliencia. Que los padres y madres adoptivos tengan conocimiento de sus propios patrones de apego y hayan podido integrarlos de forma serena les hará más fuertes para afrontar los diferentes cambios del ciclo vital familiar.

Edurne García Corres

 BIBLIOGRAFÍA

LIBROS

  • Marrodán, J.L. (2015) Vincúlate. Relaciones reparadoras del vínculo en los niños adoptados y acogidos. Bilbao: Descleé Brouwer: http://www.casadellibro.com/libro-vinculate-relaciones-reparadoras-del-vinculo-en-los-ninos-adoptados-y-acogidos/9788433027894/2608761
  • Marrone, M. y Diamond, N. (2001) La teoría del apego: un enfoque actual. Madrid: Psimática.: http://www.casadellibro.com/libro-la-teoria-del-apego-un-enfoque-actual/9788488909077/840713

ARTÍCULOS

  • De Ziriza, I. Familias constituidas o ampliadas por adopción: http://www.avntf-evntf.com/imagenes/biblioteca/P%C3%A9rez%20de%20Ziriza,%20I.%20Trab.%203%C2%BA%20semip.%2009.pdf
  • Grau, E. y Mora, R. Vicisitudes en la vinculación entre padres e hijos en adopción internacional. Revista de Psicoterapia Vol. XVI-nº62: http://criafamilia.org/wp-content/uploads/2016/05/visicitudes-en-la-vinculaci%C3%B3n-entre-padres-e-hijos-en-adopci%C3%B3n-internac.-rev.-psicoterapia.pdf
  • Mosquera, D. y González, A. (2011) Del apego temprano al TLP Mente y Cerebro nº46 http://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/numero/46/del-apego-temprano-al-tlp-8499
  • Rosas, M., Gallardo, I., Angulo, P. Factores que influyen en el apego y la adaptación de los niños adoptados: http://www.redalyc.org/pdf/264/26409110.pdf
  • Sánchez-Quejía, I. y Oliva, A. (2003) Vínculos de apego con los padres y relaciones con los iguales durante la adolescencia. Revista de Psicología Social, 18 (1), 71-86: http://personal.us.es/oliva/vinculos.pdf

 

LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS

LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS

Los trastornos alimentarios son el grupo de enfermedades que más muertes provoca en el campo de la psiquiatría o de la psicología. La tasa de letalidad en estas patologías por desnutrición, complicaciones cardíacas o suicidios ronda el  5% según algunos estudios.

Y sin embargo, es una de las enfermedades que permite una recuperación más completa. Es un reto para psicólogos y psiquiatras ya que no consiste sólo en diagnosticar la enfermedad e implicarse en su curación sino también en acompañar a las personas que la padecen en una búsqueda de sentido de la vida y de diseño de un proyecto vital propio  muy gratificante.

Llamamos trastornos de la conducta alimentaria al grupo de enfermedades caracterizadas por la obsesión con la comida y el cuerpo en todas sus dimensiones. Según cómo se exprese esta obsesión presentará unos síntomas u otros.  En función de esos síntomas se etiqueta la enfermedad, sin embargo es muy habitual que no aparezcan de forma pura sino que a lo largo del tiempo se pueda transitar de una a otra presentando un diagnóstico mixto o un TCA no especificado. Los TCA recorren un continium desde el máximo control de la ingesta y del peso (propio de la Anorexia Nerviosa Restrictiva) al descontrol más absoluto como es el Trastorno por atracón o la Bulimia nerviosa purgativa.

Clasificaremos aquí los diagnósticos más comunes y algunos de nuevo cuño, inventados a menudo no por la comunidad científica sino por los medios de comunicación.

  • Anorexia Nerviosa: caracterizada por el temor intenso a engordar, la restricción de un gran número de alimentos y la obsesión y distorsión de la imagen corporal. Se presentan 2  subtipos:
    • Restrictiva: en la que se controla el peso por la infra-alimentación y en ocasiones la hiperactividad.
    • Purgativa: en la que además se puede inducir el vómito y usar laxantes y diuréticos
  • Bulimia Nerviosa: en la BN la persona, en su intento de control obsesivo de la ingesta, pierde a menudo la “fuerza de voluntad” y se da atracones. Entendemos por atracones, o bien una ingesta desmesurada de alimentos en muy poco tiempo (casi siempre dulces y carbohidratos) o una no muy grande cantidad de alimento pero sí acompañada de una fuerte sensación de pérdida de control y un marcado sentimiento de culpa que genera un altísimo nivel de ansiedad. Se pueden presentar también 2 subtipos:
    • Purgativa: en la que al atracón le sigue de una manera compulsiva el vómito o el uso de laxantes y diuréticos.
    • No purgativa: en la que la persona intenta compensar de otras maneras ese atracón, o bien volviendo a una dieta restrictiva o bien realizando un incremento de la actividad física.
  • Vigorexia: es más común en varones y consiste en lograr un cuerpo muy musculado y en ocasiones, voluminoso. Se produce una fuerte obsesión por el físico, por la realización de deporte y la ingesta de determinados alimentos y complementos alimenticios (a menudo muy perjudiciales para la salud) para diseñar el cuerpo musculado con el que se obsesionan.
  • Ortorexia: obsesión por la comida sana. Estas personas sólo pueden comprar alimentos “saludables” o ecológicos. No pueden comer en restaurantes que no tengan garantizadas las estrictas normas que se autoimponen y no pueden comprar sus alimentos en los lugares habituales del resto de la población. Afecta fuertemente a su adaptación y a sus relaciones sociales.

Dentro de las enfermedades que llamamos  “de nuevo cuño” nos hemos encontrado con las siguientes:

  • Alcohorexia: consumir alcohol para evitar la ingesta y para superar la ansiedad que produce la infra-alimentación (se puede considerar un síntoma dentro de la Anorexia Nerviosa)
  • Pregorexia: obsesión de las mujeres embarazadas por recuperar su figura después del parto (habría que sopesar la posibilidad de que la mujer ya tuviera una alta obsesión por el cuerpo antes de quedarse embarazada)
  • Tanorexia: obsesión por mantenerse bronceado o bronceada incluso poniendo el riesgo su salud. Aparece a menudo como síntoma dentro tanto de la anorexia como de la bulimia.

En el recientemente editado DSM-V encontramos  los siguientes cambios:

  • Reconocimiento del trastorno por atracón (deja de ser un TCANE).
  • Revisión de los criterios diagnósticos de la anorexia nerviosa y bulimia nerviosa (pasan a ser menos restrictivos).
  • La inclusión de la pica, rumiación y el trastorno de la ingestaevitativo/restrictivo. El DSM IV incluía estos tres últimos entre los trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia, capítulo que no existe en el DSM V.

Más allá de los síntomas visibles, físicos y comportamentales los TCA esconden una honda raíz en la personalidad de quien los sufre que es el verdadero reto para los clínicos. Además de ayudar a frenar los síntomas físicos, en lo que tendremos que trabajar duramente es en factores predeterminante o mantenedores como son:

  • La baja autoestima: a pesar del número de éxitos que puedan tener en sus vidas son personas que se sienten incapaces y un fraude para los demás
  • El perfeccionismo: nada es suficientemente bueno, nada les satisface, nada les permite recibir un halago
  • La impulsividad: sobre todo en la bulimia, hay muy poco espacio de tiempo entre pensar algo y hacerlo, su elevado nivel de ansiedad no les deja tiempo para la reflexión a la hora de comunicarse, de plantearse una relación sexual o de tomar cualquier tipo de decisión.
  • La inseguridad: por ese marcado nivel de autoexigencia, nunca se sienten seguras en sus decisiones y se ven muy vulnerables a la manipulación
  • Exceso de control: necesitan tener todo y a todos bajo control, sino se les dispara la ansiedad
  • Irritabilidad: a veces por la falta de alimento, a veces por ver incumplidos sus altísimos “deberías” se pueden enfadar y estallan con mucha facilidad, especialmente con quienes más quieren
  • La dependencia afectiva: es muy habitual que los TCA se presenten con otras adicciones como la adicción al alcohol, a la nicotina, a la cocaína o a las compras, pero casi en el 100% de los casos se presentará con una fuerte dependencia afectiva de una pareja o de un miembro de la familia, frecuentemente de la madre.

El TRATAMIENTO DE LOS TCA CONSTA DE 3 FASES:

  1. Primera fase: SUPERVIVENCIA.

El primer paso es garantizar la supervivencia de la paciente. Esto significa que habrá que sopesar si requiere de un ingreso hospitalario  (si su IMC es inferior a 18,5 o si su nivel de vómitos es alto). En caso de que se le pueda tratar de manera ambulatoria habrá que tratar de implicar a su entorno más cercano para que le ayuden en la gestión de sus alimentos. Durante un tiempo tendrán que supervisar su alimentación, su nivel de actividad física y sus accesos al baño. Quizá necesite la ayuda de psicofármacos aunque cuando comienza a tener una ingesta normal los síntomas de ansiedad y depresión se van reduciendo.

En esta se implementan técnicas predominantemente cognitivo-conductuales.

  1. Segunda fase: LA RELACIONAL

En esta segunda fase se revisan las relaciones familiares y sociales. Es frecuente, que por el propio efecto de la enfermedad o previo a ella las familias de estas personas tiendan a sobreprotegerlas y a sentirse sobreimplicados en sus vidas. Una vez que ven que la paciente ha aprendido a cuidarse y a no pagar con la comida sus conflictos, se sienten con fuerzas de ir dejándolas tomar sus propias decisiones. Aprenderán también a resolver conflictos (procurando no herir a los demás cuando reivindiquen sus derechos) y a comunicarse sin someterse a nadie.

En esta fase es de gran ayuda el grupo de terapia. Se requerirá una orientación más sistémica del clínico.

  1. Tercera Fase: el proyecto vital

En la tercera y última fase se debe ayudar a la paciente a generar un proyecto vital genuino, respetando sus propios deseos y sin sentirse cumpliendo expectativas de nadie. Es una época de autoafirmación y de ir reduciendo su implicación tanto con el terapeuta como con el grupo de terapia. Es conveniente que el clínico tenga aquí una visión más humanista de su intervención.

Respecto a los terapeutas, como decíamos es conveniente saber que se necesita trabajar una serie de actitudes importantes a la hora de intervenir con personas que sufren un TCA. Para empezar, especialmente para las mujeres terapeutas es conveniente hacernos conscientes de la presión que sufrimos todas respecto a la figura y a la imagen. No es patrimonio exclusivo de las pacientes, el índice de obsesión por el aspecto físico en nuestra sociedad es realmente elevado. No conviene olvidarlo y sí luchar contra ello también en nuestra vida cotidiana.

Actitudes y aptitudes necesarias para un terapeuta

  • Establecer alianza con el paciente.
  • Mantener empatía constante.
  • Explorar con cuidado los síntomas evitando el que se sientan juzgados y evitando también

la inducción de síntoma.

  • Limitar las batallas por el control. Hay temas incuestionables como el peso que

es preferible no tratar en las sesiones iniciales puesto que no ayuda en la alianza terapéutica. Discutir, convencer no servirá de nada y hará que el paciente desconfíe y piense que el objetivo de la terapia es que aumente de peso.

  • Mostrar una actitud de compromiso, colaboración y apertura con el paciente.
  • Ganar confianza conociendo al detalle su historia personal.
  • Trabajar la implicación familiar.
  • Manejar la frustración como terapeuta y tener paciencia con el tratamiento sabiendo que son tratamientos largos de años de duración.
  • Solicitar supervisión de un terapeuta experto .Edurne García Corres. Psicóloga del Centro de Psicoterapia Vínculo

    Trastornos alimentarios. Anorexia y bulimia.
    Trastornos alimentarios. Anorexia y bulimia.

Mi hijo me pega, ¿qué hago? (Parte 2)

Mi hijo me pega - Vínculo Psicoterapia2¿Qué hacer? La intervención.

  • Dotar de herramientas para evitar la escalada de violencia como es la práctica del time out o el tiempo fuera.
  • Revisar las normas e intentar que los padres recuperen una cierta autoridad más realista sin caer en la sobreprotección ni en el hipercontrol.
  • Fomentar la autonomía del hijo o hija para reducir su fusión primero con la madre y luego con el padre trabajando, motivando y siendo creativos con su proyecto de vida. Según Haley, se entiende por EMANCIPACIÓN el lograr a nivel académico o laboral lo que la familia considere como éxito, que será lo que le acerca a la independencia (por ejemplo, lograr una carrera, un trabajo, un trabajo bien remunerado…) y lograr establecer relaciones íntimas fuera de la familia (sean de pareja o no). La emancipación deberá ser progresiva.
  •  Intentar sacarle de la triangulación o por lo menos hacerse consciente de ella para que sea menos manipulable. Se intenta que los padres no usen al hijo o la hija como vehículo de su comunicación, y el joven pueda hacer su propia vida. Hay dos métodos extremos que casi siempre fracasan. Uno de ellos consiste en atribuir toda la culpa a la nociva influencia de los padres y procurar que el joven abandone a su familia; lo típico es que el joven sufra un colapso y vuelva al hogar. El otro consiste en tratar de mantener al joven en el hogar y de conseguir que impere la armonía entre él y su familia; esto también falla, porque en esta época de la vida familiar lo que importa no es la conciliación sino la desligazón. El arte de la terapia radica en hacer volver al joven con su familia como una manera de desligarlo de ella para iniciar una vida independiente.

Enfocando en el APEGO Y LA VINCULACIÓN:

  • Ofrecer vinculaciones seguras, fiables y continuas con al menos un adulto significativo.
  • Facilitar la toma de conciencia y la búsqueda de un sentido a las experiencias vividas, por duras que sean.
  • Facilitar la inclusión en redes de apoyo
  • Facilitar la búsqueda de una situación socio-económica justa.
  • Promover los valores de respeto a los derechos humanos
  • Favorecer el humor y la creatividad en la búsqueda de soluciones.

 

Un punto aparte: la violencia entre hermanos.

Respecto a la VIOLENCIA EN LA FRATRÍA recordemos que los celos son el cemento del narcisismo, son el camino para DIFERENCIARSE, para construir su autoestima. La intensidad de los celos está relacionada con la tolerancia a la frustración y con la RELACIÓN CON LOS PADRES.

En la INTERVENCIÓN es muy importante fomentar la empatía entre los hermanos trabajando el cambio de roles, e ir compartiendo las diferentes narrativas de ambos hermanos para dotar de sentido y circularidad a las dinámicas familiares vividas por ambos. También se intenta trabajar la solidaridad entre ellos para salir adelante en una situación en que las funciones parentales están dañadas. La relación fraternal es la más “recuperable”, la que puede cumplir la función de ser una relación de apego seguro de referencia aunque en el momento presente está muy deteriorada.

A los TERAPEUTAS y educadores se nos invita a prestar especial cuidado a los siguientes riesgos:

  1. Falta de vínculos afectivos e implicación relacional con los niños
  2. Dificultades para sentir empatía por el sufrimiento de los niños cuando expresan sus sufrimientos de forma agresiva o disruptiva
  3. Sobreidentificación con los niños que pueden llevar a respuestas sobreprotectoras y diabolización de sus padres biológicos
  4. Dificultades en el manejo de la autoridad y ayuda para su autocontrol de emociones e impulsos. Se tiene que lograr un equilibrio entre una autoridad militarista o demasiada permisividad.
  5. Olvidarse de la capacitación de los padres y su rehabilitación

El objetivo principal de la terapia será lograr una correcta INDIVIDUACIÓN sin violencia. Parece paradójico que un hijo que muestre odio y rechazo a su madre, padre o hermano a la vez tenga un nivel alto de fusión y dependencia hacia los mismos. Barudy, Dantagnan (2005)  y las teorías del APEGO lo explican muy bien:

Al contrario de lo que se podría creer, los hijos de los padres con dificultades parentales son más dependientes de éstos, en comparación con los hijos de los padres y madres suficientemente competentes. Las diferentes situaciones de malos tratos que las incompetencias parentales crean producen fuerzas emocionales centrípetas que dificultan la diferenciación y la emancipación de los hijos, aumentando el riesgo de imitación de las conductas de los padres.

En las situaciones de malos tratos de las incompetencias parentales, los sistemas de modulación emocional y conductual que los niños necesitan se ejercen a través de diferentes formas de agresión como las amenazas, los castigos corporales y las privaciones de libertad, con el objetivo de provocar temor y miedo en los niños. O, al contrario, se les manipula psicológicamente ignorándoles, negándoles la palabra o insultándoles, estos procedimientos pueden traer resultados en lo inmediato, pero difícilmente se transforman en moduladores internos de los hijos. Por lo tanto no facilitan la autonomía ni la diferenciación, mucho menos el desarrollo de una ciudadanía responsable para el futuro.

Más información

  • Barudy, J. y Dantagnan, M. Los buenos tratos a la infancia: parentalidad, apego y resiliencia

Barcelona(2005): Editorial Gedisa

  • Cirillo, S. Niños maltratado: diagnóstico y terapia familiar. Barcelona (1991) Editorial Paidós
  • Haley, J. Trastornos de la emancipación juvenil y terapia familiar. Buenos aires (1985) Amorrortu editores
  • Linares, J.L. Una visión relacional de los trastornos de personalidad. Capítulo de: Roizblatt, A. Terapia Familiar y de Pareja. Santiago de Chile (2006) Editorial Mediterráneo.

http://www.redsistemica.com.ar/personalidad.htm

  • Micucci, J.A. El adolescente en la terapia familiar. Como romper el ciclo del conflicto y el control. Buenos aires (2014) Amorrortu editores
  • Población, P. Yo te manejo, tú me manejas. El poder en las relaciones cotidianas. Bilbao (2013) Desclée de Brouwer

Mi hijo me pega (Parte 1)

Mi hijo me pega - Vínculo PsicoterapiaEs una frase que flota en muchos hogares pero que no sale de la boca del padre ni mucho menos de la madre. Es una realidad que existe pero que cuesta muchísimo reconocer. Toda la familia lo vive con una vergüenza tal, que se ven incapaces de pedir ayuda. Comienzan a dar vueltas en la cabeza a dudas y preguntas: ¿qué hemos hecho mal?, ¿es mi hijo o hija un monstruo?, ¿y si lo hago público y le destrozo la vida?, ¿en realidad es bueno pero tiene arrebatos, descontrol de impulsos?, ¿son las malas compañías?, ¿si su padre y yo nos pasamos el día discutiendo, le ha podido afectar?

No es un problema aislado, es un problema cada vez más frecuente. No se resuelve con más golpes, ni señalando culpables ni poniendo etiquetas. Es un problema familiar, toda la familia debe ponerse manos a la obra para pararlo y dejar de agredirse. Hay muchos tipos de agresiones: está la física, sin duda la más grave (golpes, empujones, escupitajos…) la coercitiva (bloqueos, encierros, hipervigilancia),  los insultos, la crítica constante, la devaluación, incluso la hiperprotección y la imposibilidad de emanciparse, la violencia contra objetos y un largo etcétera que se convierte en el nuevo lenguaje de estas familias. No enseñar a un hijo a ser autónomo de acuerdo a las capacidades propias de cada edad es también una forma de negligencia de graves consecuencias.

Se inicia una escalada, un huracán que toma forma en cuestión de segundos y que no sabemos dónde va a parar ni cuáles son los daños que va a dejar tras su paso. Lo que sí es frecuente que toda la familia (incluido el agresor) se sienta profundamente avergonzado y profundamente culpable (lo exprese o no). A menudo incluso se pide perdón y sin mayores cambios o con un breve período de luna de miel, se vuelve a empezar hasta que el viento de nuevo se arremolina en torno a los pies de todos para prepararse el siguiente huracán y volver a decir en voz baja, mi hijo me pega.

Parece muy obvio pero, si nada cambia, nada cambia. De este infierno se puede salir, se puede ver de otra manera, abrir el foco, ayudar a toda la familia a parar semejante sufrimiento, pero para ello, algo tiene que cambiar y a menudo ya no se puede hacer sin la ayuda de una persona experta. La Terapia Familiar es una herramienta que, con una correcta implicación por parte de todos los miembros de la familia, que no siempre se da el primer día pero se puede ir logrando en las primeras sesiones, puede lograr que en una familia se deje de ejercer la violencia.

Violencia de hijos a padres

 ¿Qué es la violencia Filio-Parental?

 La violencia filio-parental, una de las demandas más habituales en las consultas de psicología en los últimos tiempos.

Es este un tema complejo puesto que es habitual que no se limite a la violencia de hijos a padres sino que se puede extender a los hermanos, que pueda ser del hijo a la madre o que se produzca de padres a hijos en edades tempranas y de hijos a padres a partir de la adolescencia. Intentamos excluir en este análisis la violencia machista en la pareja aunque a veces acompaña la filio-parental. En ese caso, obviamente el abordaje sería otro.

De cualquier manera la VIOLENCIA tanto física como verbal se convierte en moneda de cambio y en un modo de comunicación fallido en muchas familias. Intentemos entenderlo en el siguiente artículo y dar algunas pistas a padres, educadores y clínicos para abordarlo.

En este artículo no abordaremos las consecuencias legales y penales que este problema puede tener para lo cual conviene informarse en las instituciones adecuadas (policía, servicios sociales, etc).

De cualquier manera, se advierte a los clínicos y educadores que la violencia en la familia es un tema acompañado de mucha vergüenza, de muchos sentimientos encontrados y de una intención profunda de que no se sepa fuera de casa por lo cual es habitual que no se recurra a las instituciones y que el tema se esconda hasta que se solicita ayuda psicológica en cuyo caso tampoco se suele confesar desde el principio de las sesiones. Por eso nos conviene estar preparados para detectarlo.

Algunas teorías explicativas

 Según Cirillo, en, familias en las que existe la violencia, se concibe el maltrato como un “intento de resolver conflictos familiares que seguramente se agudiza en puntos del ciclo familiar de mayor tensión como al inicio de la convivencia, ante el nacimiento del primer hijo o cuando los hijos entran en la adolescencia e intentan aumentar su grado de autonomía. Según el autor, detrás de cada acto violento hay un sentimiento de frustración que el terapeuta tiene que lograr encontrar.

Es probable que la violencia sea transgeneracional presente en familias muy rígidas en las que no se educa en la autonomía y en la propia responsabilidad sino en que el control y la motivación siempre vengan de fuera. Se puede sumar el abuso de sustancias, habitualmente alcohol.

La violencia empieza por una frustración para resolver un conflicto y se acaba instrumentalizando para lograr poder.

Fases de la violencia Filio-Parental

  1. Conflicto de pareja agudo, explícito y oscilante.
  2. Inclinación de los hijos hacia uno de ellos, el que adopta el rol de víctima pasiva. Comienzan las dificultades con el rol dominante.
  3. Se genera una hostilidad activa hacia el dominante.
  4. Instrumentalizan la respuesta del niño. Los padres luchan entre ellos a través del hijo: el padre aliado se muestra más permisivo y el padre confrontado más autoritario.
  5. Hay un momento en el que el hijo descubre el juego de los padres y se confronta con los dos.

En el próximo blog,  ¿qué hacer, cómo intervenir? y violencia entre hermanos.

 

Edurne García Corres

 


 

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