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EL RESPETO AL PACIENTE CON ANOREXIA O BULIMIA

Respeto al paciente anorexia y bulimia
Respeto al paciente anorexia y bulimia

EL RESPETO AL PACIENTE CON ANOREXIA O BULIMIA

Ayer tuve una sesión muy dura, volví a ver a una paciente diagnosticada de ANOREXIA que no veía desde que trabajaba por cuenta ajena (año 2006) y como ya supondréis cuando alguien vuelve a terapia no suele estar en su mejor momento. Es difícil, por verla sufrir a ella y es difícil porque hace 10 años emprendí (junto con mis socias) un viaje hacia la búsqueda y la creación de un espacio terapéutico en el que tanto los pacientes como nosotras mismas nos pudiésemos relacionar desde una postura más auténtica y más respetuosa. Sí, como estábamos trabajando nos empezaba a chirriar.

En Vínculo abordamos de manera específica los Trastornos de la Conducta Alimentaria: anorexia, bulimia, trastorno por atracón… Si conocéis este tipo de patología sabréis lo realmente urgente que es el que determinados síntomas desaparezcan debido al riesgo que suponen para la vida del paciente. Esto hace que el principio del tratamiento requiera de unas pautas conductuales sobre cuerpo y comida que tanto el paciente como (sobretodo) su familia tienen que llevar a cabo apoyándose constantemente en la terapia.

Los primeros meses de la terapia son muy difíciles, el paciente pierde el derecho a elegir cualquier comida y son los demás los que elijen por él. Esto tiene por finalidad él que pueda dejar de obsesionarse por lo que come (cantidades, calorías o numero de ingestas) y centrarse en aquellas cosas que le generan el malestar que está tapando con los síntomas propios de la anorexia o la bulimia.

Cuando esta primera fase  pasa, el paciente nota mucho alivio ya que gracias a la elección de los demás y a la guía que ha llevado a cabo la terapia, su calidad de vida aumenta de manera significativa, nota que la comida no está presente el 100% del tiempo, que vuelve a retomar amistades  y se relaciona de manera mucho más positiva con su entorno.

Esto plantea una situación trampa, en este momento tanto el terapeuta como el paciente y su entorno (e insisto, en este entorno tiene especial relevancia la familia del paciente a la que los terapeutas han otorgado un poder que no tenía al comienzo de la terapia) sienten que haciendo todo como dice la terapia las cosas van a ir bien. El terapeuta adquiere un ascendente sobre la familia que le tienta a seguir tomando decisiones sobre el paciente en otros ámbitos en los que ya no tiene como función decidir, sino acompañar al paciente para que éste pueda ir descubriendo cual es su propio criterio (que tan escondido ha quedado por la enfermedad) y aunque el deseo del paciente sea que le digas lo que tiene que hacer la labor del profesional es ayudarle a desarrollar las herramientas que hagan que pueda alcanzar sus propias metas. Las propias metas del paciente, no del terapeuta, por si no ha quedado lo suficientemente claro.

El tránsito de una etapa de la terapia en la que el terapeuta marca pautas a otra etapa en la que el terapeuta acompaña no ocurre de un día para otro o de un punto de la terapia para otro, es un cambio que se encuentra en distintas fases según la esfera que se esté trabajando del paciente lo que conlleva una atención y una supervisión constante por nuestra parte. Es un trabajo transversal de la terapia.

Lo que ayer vi en la sesión fue el resultado de un tratamiento donde los terapeutas decidieron que sabían mejor que el paciente lo que éste necesitaba y que seguían empoderando a la familia del paciente cuando éste tenía un criterio diferente a la misma. Verlo tan claro me dejó bastante revuelta, es un miedo que como terapeuta me sobrevuela con frecuencia, el no ser capaz de escuchar a mi paciente y decidir, a pesar de él mismo, lo que le vienen mejor. Espero que los años de práctica, de formación y supervisión me sigan ayudando a plantearme que mi realidad no es la única, que mi modo de hacer terapia no es todo poderoso y que quien más sabe de un paciente es el paciente mismo. Quiero poder acompañar a mis pacientes desde el respeto a lo que son que es sin duda el respeto que se merecen. Y quiero respetarme a mí, a mi profesión y a mi formación como les respeto a ellos.

María Contreras Galocha

Psicóloga Sanitaria del Centro de Psicoterapia Vínculo

 

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