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APEGO Y TCA

EL APEGO Y EL TCA

IMPORTANCIA DEL APEGO Y LOS ESTILOS PARENTALES EN LOS TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA.

Como hemos comentado otras veces, los trastornos de la conducta alimentaria son patologías multifactoriales, cuya aparición se ve influida por diversos factores. Entre ellos, se encuentran los factores socioculturales (como la presión por alcanzar un ideal de belleza basado en la delgadez, especialmente sobre las mujeres), factores personales (una preocupación excesiva por el aspecto físico, perfeccionismo, autoexigencia, baja autoestima…), factores familiares…

A propósito de esto, decidí realizar mi trabajo de fin de máster centrándome en el comportamiento de dos variables psicológicas que parecen tener una estrecha relación con los TCA, que son el estilo de apego y los estilos parentales, con el fin de poder aportar conocimiento a los tratamientos y a la prevención de los TCA. Para esto, se pasaron diversos cuestionarios a una población con diagnóstico de TCA y un grupo control sin TCA. Pero antes de hablar sobre los resultados obtenidos, ¿sabéis qué son el apego, y los estilos parentales?

Apego:

La necesidad universal existente en el ser humano de formar fuertes vínculos con un tercero es innata y se satisface manteniendo la proximidad entre el niño/a y su cuidador/a primario/a. El apego va a influir en el desarrollo psicológico y social del niño/a. El principal objetivo biológico es garantizar la supervivencia, mientras que la meta psicológica es garantizar la seguridad de la relación, es decir, que el niño/a pueda sentir que puede distanciarse de sus cuidadores para explorar el entorno en el que se encuentra y tener la certeza de acudir a ellos/as si lo necesita, sabiendo que la relación es estable. En base a esto, se han descrito 4 tipos: apego seguro, apego evitativo, preocupado y desorganizado.

Estilo Parental:

hace referencia a la percepción de cuánto afecto y control sintieron en su infancia. El afecto engloba aquellos comportamientos y actitudes dirigidos a la cercanía emocional, a la expresión de cariño, mientras que el control hace referencia a la presencia de límites y normas (igual de necesarios que el afecto). En función de cómo se combinen estas dos características, se han descrito cuatro estilos parentales: óptimo, control sin afecto, ausente y constreñido.

La presente investigación reflejó una predominancia de apego inseguro y un estilo parental negativo en las pacientes con TCA frente a la población no clínica. Más concretamente, se observó un apego evitativo, que se caracteriza por no confiar en los demás, ser autosuficientes e independientes y con mucho control sobre su mundo emocional, y un estilo parental paterno de “control sin afecto”, en el que los padres se caracterizan por una mayor frialdad emocional o no estar muy presentes en el cuidado y educación de sus hijos o hijas, además de ser percibidos como excesivamente controladores, dificultando así, la autonomía y tendiendo a la infantilización de éstos/as.

Así como se encontraron diferencias entre ambos grupos estudiados en el papel de la figura paterna, no se encontraron diferencias en el caso de la figura materna. Esto puede deberse, entre otras cosas, a la responsabilidad puesta sobre la mujer con respecto al cuidado y educación de los/as hijos/as, lo que lleva a culpabilizar a las madres de las patologías de estos/as. Por esto, es especialmente importante en futuras investigaciones estudiar también el papel del padre en los TCA y promover su participación en el tratamiento.

De forma global, el estudio sí parece reflejar una relación entre las variables estudiadas y padecer o no un TCA. Es decir, aunque no se puede confirmar que sea causa de padecer o no un trastorno, sí parece que hay una tendencia a que las personas que acaban desarrollando un TCA han crecido en ambientes (entre otros factores) en los que las relaciones en la familia, con ellos/as mismos/as y con los demás se han visto truncadas. En el caso del apego, parece que las emociones no son fáciles de gestionar porque se ha aprendido o se ha tenido la experiencia de que mostrarlas puede desbordar mucho o puede tener consecuencias negativas y, por tanto, es mejor no mostrarlas (generando síntomas con la comida y el cuerpo).

Por otro lado, en relación con los estilos parentales, se ha observado que la sobreprotección es una característica común en las familias en las que un hijo/a tiene un TCA. Esto genera dificultades en la individuación de ese hijo/a, es decir, en la construcción de su identidad y en el desarrollo de su autonomía, lo que a su vez influye en cómo se relaciona con los demás y con su entorno y en la visión que tiene de sí mismo/a.

A modo de conclusión, es imprescindible trabajar teniendo en cuenta la teoría del apego a la hora de abordar los TCA, trabajando en profundidad cómo se vinculan los/as pacientes, con el fin de que puedan establecer relaciones más saludables desde un apego seguro. También es importante trabajar con los estilos parentales, estudiando las características y las dinámicas de funcionamiento de las familias en las que uno de los hijos/as tiene un TCA y promoviendo formas de relacionarse más saludables para todos/as.

Es muy importante realizar este trabajo desde una perspectiva no culpabilizadora y teniendo en cuenta que, en este caso, el estilo de apego y los estilos parentales pueden influir en el desarrollo de una patología como los trastornos de la conducta alimentaria, pero nunca van a ser determinantes, ya que se trata de un trastorno multifactorial. Recordemos que los TCA son una enfermedad muy incapacitante y que genera una gran cantidad de sufrimiento tanto para las personas que lo sufren como para su entorno más cercano, especialmente la familia. Por ello, el trabajo debe ir orientado a trabajar con todo el sistema, comprendiendo las dificultades y potenciando sus recursos.

CELIA CURIEL BARRIOS

Psicóloga Vínculo.

BIBLIOGRAFIA

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Chorot, P., Sandín, B. y Valiente, R.M. (2012). Transdiagnóstico. Nueva frontera en psicología clínica. Revista de psicopatología y psicología clínica, 17 (3), 185-203

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Losada, Analia y Veronica (2018). Trastornos de la Conducta Alimentaria y Estilos Parentales. Perspectivas Metodológicas, 21 (I) 89-112.

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