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Bulimia Nerviosa tratamiento grupo TCA Madrid

SOLEDAD Y VERGÜENZA EN LA BULIMIA NERVIOSA

 

 

Cuando sufres bulimia nerviosa, la soledad y la vergüenza son dos cosas que te acompañan prácticamente a diario.

La soledad me acompaño durante los 6-7 años, cuando nadie en mi entorno sabía nada de mi enfermedad, convirtiéndome en una “fiel” compañera que no hacía más que aislarme de mi familia y mis amigos, haciendo que el peso de mis pensamientos y obsesiones fuese cada vez mayor y dándoles más valor y veracidad al no contrastarlos con gente “sana”. Aquí la soledad se veía reforzada por la vergüenza, que cuando un pequeño resquicio de mi cerebro se planteaba el pedir ayuda, aquí la vergüenza se “venía arriba” y se hacía fuerte para evitarlo…el miedo a qué pensaría mi entorno, a ser juzgada…nadie lo iba a entender, era un bicho raro.

Cuando acudí a terapia, ya consciente de que yo no podía manejar esto sola, la soledad empezó a debilitarse. Al principio en las terapias individuales…al menos compartía mis obsesiones con alguien más, mi terapeuta. Al poco tiempo, la vergüenza sufrió también un buen mazazo, cuando me obligaron a contar a mi familia y amigos más cercanos lo que me pasaba. La primera vez que conté a una amiga que tenía bulimia nerviosa
pensé que hasta se podía morir literalmente de vergüenza. Resultó que no. Y cada vez que se lo contaba a alguien más, me sentía menos sola, más apoyada, y la vergüenza cada vez se hacía más pequeñita.

Un año después, cuando entré a las terapias grupales, al principio la vergüenza se volvió a hacer fuerte. La idea era compartir los problemas de esta enfermedad con personas que estaban o habían pasado por lo mismo que yo. Aún así, pensaba que yo era diferente, que me juzgarían…una vez más me equivoqué.

Con el grupo la soledad prácticamente desapareció, y en aquellos momentos en que la enfermedad se hacía fuerte, cogía el teléfono y llamaba a alguna compi del grupo y rápidamente la soledad se esfumaba.

Con respecto a las llamadas, fue una de las cosas que más vergüenza me ha dado en la vida. Cuando me dijeron que tendría que llamar a mis compañeras me puse literalmente a llorar de la angustia. Pero de nuevo las terapeutas sabían lo que hacían y a esas alturas yo ya confiaba ciegamente en ellas, así que a base de práctica y sobre todo tras ver el poder que tenían las llamadas para ayudar en los momentos críticos, la vergüenza fue desapareciendo.

Llevo 5 años en terapia, y puedo decir con seguridad, que la soledad ya no me acompaña.

Especialista tratamiento TCA

Lo de la vergüenza es otro cantar. Ya no son cosas de la enfermedad las que me dan vergüenza, pero en estos años he podido ver como la vergüenza ha dominado mi vida hasta en las cosas más mínimas. Recuerdo una vez que las terapeutas me hicieron una “terapia de choque”, en la que una tarde me acompañaron por varias tiendas para obligarme a pedir los tickets de compra. Sí, me daba muchísima vergüenza pedir los tickets, me parecía una ofensa al dependiente. ¿qué iban a pensar de mí los señores tenderos?

Una de las cosas que más le gusta a mi enfermedad es que yo pase desapercibida, ser invisible, y todo lo que según mi criterio me haga salir de esa invisibilidad se acompaña de mucha vergüenza para ponerme más difícil el hacerme visible.

Poco a poco esto va mejorando, sobre todo gracias a los grupos, donde mis compañeras y las terapeutas me ofrecen sus puntos de vista sobre “mis vergüenzas” y me ayudan a criticarlas y ver lo absurdas que pueden llegar a ser.

También la vergüenza me acompaña cuando conozco a gente nueva, el miedo a que lo diga o haga sea ridículo y al no gustar.

Tengo pareja desde hace 3 años, y aunque la vergüenza de ahora está muy lejos de la que me sellaba la boca en los primeros meses de relación, todavía a día de hoy a veces pienso demasiado lo que digo o hago, pero sigo practicando y criticando estos pensamientos, y voy mejorando. Eso sí, la vergüenza ha desaparecido en un punto clave, y es pedir ayuda, es reconocer que esa vergüenza existe y, en no tener miedo a pedir ayuda para combatirla. Y viendo la respuesta de mi entorno a esto, sé que no estoy ni estaré más sola.

Testimonio mujer  26 años, paciente grupo bulimia nerviosa.

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1 Comment

  • mariana

    Los efectos de las drogas nunca son buenos. Mi marido era un adicto durante 10 años. Esto lo consiguió rehabilitado dos veces ya veces en apuro. Casi lo abandoné hasta que consiguió ayuda de un profesional, que ayudó en conseguirlo libre de la adicción. Conseguí entrar en contacto con él después de que vi un testimonio de una señora en un blog Quien también se enfrentó a un problema similar con su hijo hasta que fue tratado por él. Ahora mi esposo está libre de la adicción y está siendo el mejor marido y padre de nuestros hijos y me gustaría instar a cualquiera en este blog que esté enfrentando problemas similares a que consulte con un profesional que pueda ayudarlos

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