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LA IMPORTANCIA DE LA EXPRESIÓN EMOCIONAL Y EL APOYO SOCIAL EFECTIVO

En estos tiempos de pandemia hemos notado lo fundamental que es transmitir las emociones no sólo a través de las palabras, sino también a través de hechos y acciones, como es dar un abrazo, una caricia o un «vamos a quedar». La situación de miedo e incertidumbre que las circunstancias nos obligan a vivir hace que, para muchas personas con problemas previos de expresión emocional  esto sea un verdadero suplicio.

Conectar con estas personas es, en muchas ocasiones, imprescindible para que su pronóstico no empeore. Un gesto de afecto, un beso o un abrazo son recursos que en un principio no parecen otra cosa que añadidos al apoyo social general, pero estos pueden significar la diferencia entre la vida o la muerte, el éxito o el fracaso terapéutico o un día más o menos de sufrimiento.

¿Quieres ayudar a que tu pareja, amigo/a o familiar mejore su expresión emocional?

Si no soy capaz de identificar y expresar mis emociones de manera satisfactoria, cuando tenga un problema no voy a sentirme comprendido y voy a entrar en un bucle infinito de discusiones. Lo primero que debo hacer es crear y alentar un espacio físico y social en el que se favorezca la expresión emocional.

EL ESPACIO FÍSICO

  • Espacio cómodo y sin distractores (ni móviles, ni tele, ni tablet ni ordenadores).
  • Comunicación no verbal: oriento mi cuerpo hacia la persona que habla. La miro a los ojos y escucho atentamente.
  • Hablo desde “mi punto de vista”, y no desde “lo que es”. Aunque coincidan y tengas razón, la otra persona se va a sentir atacada.
  • No interrumpo. En psicología llamamos Puntuación al fenómeno de interrumpirse entre personas que tienen un conflicto cuando una de ellas lo cuenta desde su punto de vista y es interrumpido por la otra persona que se ha ofendido. Esto no favorece la expresión emocional, sino el conflicto.
  • No cerramos la conversación hasta que todos los presentes hayan expresado su punto de vista.

 

EL ESPACIO EMOCIONAL, LA VISIBILIDAD

  • Evitar hacer comparaciones: Lo que vive la persona es único, y la comparación va a enfadar a quien se expresa porque no se tienen en cuenta las circunstancias de cada uno.
  • No invalidar: evitar los comentarios del tipo “no te tienes que sentir así”, “no estés triste”. Sustituirlo por “no me gusta que estés así”, “me inquieta verte triste”.
  • Evitar la paradoja pragmática, o la comunicación doble vinculante: es el famoso “haz lo que quieras”, en el que digo verbalmente que eres libre de hacer lo que quiera sin ofenderme, pero con el tono subrayo exactamente lo opuesto. Si quiero expresar que es algo que me molestaría que hicieras, lo expongo abiertamente.
  • Evitar la tendencia a buscar el culpable: la culpa no es de todos ni de ninguno. La culpa es algo que no permite explicar un suceso de forma realista, porque normalmente las personas no buscan hacer daño a sus seres queridos. Hay excepciones, pero ver lo acontecido como una suerte del cúmulo de múltiples causas, entre las que pueden estar los errores cometidos por uno, es más realista y se vive mejor desde la persona que tiene problemas de expresión emocional.
  • Evitar el error fundamental de atribución: lo negativo que le pasa a los demás no es sólo por cómo son, y lo positivo que nos pasa a nosotros no es sólo por cómo somos. Todo es relativo no se le puede atribuir todo a la persona ni tampoco a las circunstancias

Creando un espacio físico y social que favorezca la expresión emocional mejoramos también la calidad de la comunicación entre personas. Notaréis como, a pesar de ello, hay personas a las que les cuesta sacar aquello que tienen dentro. Les falta práctica y entrenamiento.

Desde Vinculo trabajamos en el entendimiento propio y ajeno en lo emocional de la persona. Te ayudamos a que te expreses y conectes mejor con la gente, para que esa gente pueda llegar a ayudarte o entenderte de una forma más sencilla. También trabajamos con parejas, familia e incluso amigos que quieran acompañarte en este proceso.

 

José Miguel Budia

Fiestas sin excesos

Hoy en dia navidad, fin de año y el día de reyes es para muchos la época más esperada del año, estas fechas las tenemos percibidas como tiempos para compartir con la familia y disfrutar, dar y recibir se vuelve parte de estas semanas casi como una norma, pero ¿somos conscientes y hemos pensado en cómo gestionar los regalos para los niños de cara a estas fiestas?.

El comercio nos abruma y llena de estímulos consumistas, tanto niños como adultos llegamos en muchos puntos a sentir la ¨necesidad¨ de tener algún objeto debido al bombardeo constante de ropa, juguetes, perfumes o cualquier objeto en general.

Llegado a este punto, ¿influye realmente la cantidad de regalos que desenvolvemos con que tan felices podamos llegar a ser?; pues a esta pregunta Laura Markham nos tiene una respuesta y en sus estudios hace referencia a que: “se demuestra que tener muchas posesiones materiales, usualmente nos hace valorarlas menos” es decir, mientras más le presentemos un estimulo a un niño este menos agradecido será, de igual modo está demostrado que cuando no nos sentimos agradecidos, no nos sentimos felices. Así que podríamos resumirlo de la siguiente manera:

abundancia material + ausencia de gratitud = menos felicidad.

Dicho esto, desde Vinculo queremos brindarles a continuación algunos tips para ayudarles a manejar la ansiedad de la compra de los regalos durante las festividades:

  • Si es posible y la edad del niño/a lo permite hacer una lista en conjunto de sus deseos, tratar de descartar los juguetes que no aportarán mayor beneficio.
  • Comprar juguetes que creas que tu como adulto puedes compartir con el/la niño/a, algunos de estos son: juegos de mesa, rompecabezas, juegos de roles.
  • Asegúrate a la hora de dar un regalo que pueda tornarse sexista que al niño le guste el juguete por lo que es y no porque se trate de una elección que le ha impuesto su rol.
  • Regala experiencias como: ir a un parque de atracciones, ir a su restaurante favorito, un curso, alguna salida con amigos, etc.
  • Ten en cuenta las debilidades del niño/a que tú observas o que sus profesores te indican para comprar los regalos.
  • Evita regalar dispositivos electrónicos y si los regalas que sean en una edad en la que se pueda aprovechar de forma saludable, si eres capaz de controlar su uso para no convertirlo en abuso o dependencia; y que se use mayoritariamente para actividades también grupales (parchis o ajedrez en tablet, competiciones de partidas de 2).
  • Si no es posible controlar la cantidad de regalos que se le dan al niño/a, guarda algunos y utilizalos posteriormente para reforzar conductas. Ya que si a un/a niño/a se le muestran muchos regalos , no pueden centrar su atención en todos, por lo cual terminan desinteresados por la mayoría de estos. También puede darse lo que se conoce como “el síndrome del niño hiperregalado” que, genera frustración a largo plazo ya que como comentamos anteriormente si un niño se acostumbra al estímulo de recibir regalos constantemente cualquier caso que rompa esta rutina se convertirá en algo inadmisible, también se pierde la ilusión por lo que la reacción es más apática cada vez.

Desde Vinculo esperamos que tengáis unas felices fiestas, siendo conscientes en las compras.

Josmary Brazón

Autolesiones en adolescentes: una problemática en ascenso

Las autolesiones constituyen uno de los problemas psicológicos que, durante los últimos años, ha crecido notablemente entre la población adolescente y que más preocupación e inquietud genera entre todos aquellos que forman parte de su círculo más cercano (padres, educadores o grupo de iguales). Read more

Imagen de natureaddict en Pixabay

Un respiro ( u ansiedad) en un mundo permanentemente conectado.

Es incuestionable que, en los últimos años, el uso de internet y las nuevas tecnologías han constituido una nueva forma de comunicarnos, facilitando y simplificando tareas y, a la vez, acercando toda información a casi cualquier rincón del mundo. Read more

doble mensaje vinculante

EL MENSAJE DOBLE VINCULANTE

La comunicación doble vinculante es un tipo de comunicación en la que se manda un mensaje positivo de forma explícita, pero uno negativo de manera implícita, de tal forma que lo verbal y no verbal no encajan. Por ejemplo, una persona puede decirle “me gustas” a otra de manera verbal, pero mediante lenguaje no verbal le puede estar demostrando lo contrario. Read more

Ortorexia

Cuando vivir se convierte en un menú: la ortorexia.

Los nuevos estilos de vida ocasionan que, desde edades muy tempranas, los niños y las niñas tengan claras referencias de cómo debe ser su cuerpo para que sea aceptado por la sociedad en la que se desarrollan. Read more

TCA Y FAMILIA: COMPRENSIÓN DESDE LA MIRADA SISTÉMICA

Como hemos comentado otras veces, los trastornos de la conducta alimentaria son patologías con un origen multifactorial, en los que juega un papel muy importante la familia. En muchas ocasiones, el TCA puede surgir en el seno de una familia con un funcionamiento disfuncional. Es por esto por lo que la intervención familiar sistémica ha resultado ser muy útil para el tratamiento de dichos trastornos. La perspectiva sistémica es una forma de entender y actuar sobre el problema. No se centra sólo en la persona que “porta” el síntoma, sino que entiende el problema dentro del contexto en el que surge, ya que parte de la base de que el ser humano es un ser social y que por tanto influye y se ve influido por lo que le rodea. Se ha observado en diversos estudios que las familias en las que uno/a de los miembros tiene un TCA presentan una serie de características concretas, las cuales exponemos a continuación.

Una variable característica de estas familias es la rigidez. Dicha rigidez puede traducirse en un control excesivo por parte de los padres/madres en torno a los hábitos con la comida, que es transmitido a los/as hijos/as, quienes incorporarán para sí mismos esta forma de relación insana con la alimentación. Un ejemplo de ello sería la presencia de una alimentación estricta y considerada saludable en los días de entresemana y los fines de semana permitirse comer los alimentos considerados prohibidos para la familia. Pero dicha rigidez no es sólo con respecto a la comida, sino que también se puede observar en los patrones de relación. Se caracteriza por una escasa flexibilidad y dificultad para adaptarse a los cambios, la presencia de normas estrictas y cuyo incumplimiento genera malestar…

Por otro lado, la perspectiva sistémica entiende que la sintomatología que presenta alguno/a de los/as integrantes de la familia es una forma de manifestar la presencia de disfuncionalidad entre sus miembros y no es producto de variables personales. En otras palabras, el síntoma o patología que presenta alguno/a de sus integrantes surge como una necesidad de señalar y comunicar que está existiendo un problema en la familia (además de alguna dificultad a nivel individual).

¿Qué relación existe entonces entre una disfuncionalidad producida en el seno de la familia y la manifestación de un TCA en uno/a de sus miembros? El TCA funciona como un elemento cuya función es principalmente de soporte, aportándole a la persona un recurso para sobrevivir ante tanto malestar, a través del control sobre la alimentación. Siente que controlando la comida controla parte de su vida y cómo se siente, se trata de una estrategia de regulación emocional.

Concretamente, se ha observado que en las familias donde el nivel de conflictividad es muy alto, desde la perspectiva sistémica se entiende que puede haber una baja diferenciación de cada uno de sus miembros. Esto quiere decir que, de forma metafórica, en la familia hay unas normas implícitas donde se establece que todos y todas participan en una danza donde deben moverse al mismo compás y permanecer constantemente conectados entre sí a nivel emocional, aunque dicha conexión se establezca desde la hostilidad y el conflicto. Los altos niveles de conflicto les hace permanecer unidos/as. El TCA en estos casos puede funcionar como un intento por parte de la persona de diferenciarse emocionalmente con respecto del resto de miembros de la familia, para así, obtener una mayor sensación de autonomía y, por ende, de estabilidad personal.

Otra posibilidad es que en la familia ocurra lo contrario, estableciéndose poco contacto entre los miembros, donde cada uno baila su propia danza. Esto genera una reducida expresión emocional entre los familiares, aumentando así la probabilidad de que alguno/a de ellos/as desarrolle un TCA como forma de focalizar y desviar la emoción que no puede manifestar en el hogar o de expresar el malestar que le genera la escasa conexión emocional.

Es importante entender esto como hipótesis y formas de entender la funcionalidad de la patología; es decir, la persona no desarrolla un TCA de manera voluntaria y consciente para señalar todo esto, sino que opera a nivel inconsciente.

Es por esto por lo que la intervención familiar sistémica se convierte en el marco fundamental para tratar y comprender los TCA, ya que ofrece una visión muy amplia acerca de la etiología y las variables que mantienen la sintomatología de estas patologías. Desvía el foco del problema de la persona hacia el conjunto del sistema, eliminando así las concepciones erróneas y los prejuicios que generalmente se asocian a las personas que padecen un TCA. Este tipo de trastornos generan un alto nivel de malestar no sólo en la persona que lo padece, sino también en el entorno que la rodea.

Desde Vínculo trabajamos desde el enfoque sistémico, por lo que, si tú y/o tu familia necesitáis ayuda para abordar un TCA o cualquier otra problemática, no dudes en contactar con nosotras.

REFERENCIAS

Bowen, M. (1991) De la familia al individuo: La diferenciación del sí mismo en el sistema familiar. Madrid: Ediciones Paidós.

Lebrero, A., y Moreno, A. (2015). Terapia Intergeneracional. En A. Moreno. (Ed.), Manual de Terapia Sistémica. Principios y herramientas de intervención (pp. 298-335). Bilbao, España: Desclée de Brouwer.

 

Sara Álvarez Hierro

De la alianza terapéutica individual a la danza terapéutica familiar

A pesar de que existen muchas teorías y enfoques psicológicos desde los que trabajar, se ha descubierto que todos ellos comparten una serie de características, a las cuales se denomina factores comunes. Una de dichas características, que es indispensable en cualquier enfoque terapéutico, es la alianza terapéutica.

 

Parece interesante contemplar que a pesar del gran pluralismo y creatividad que existe en las diferentes técnicas de intervención, es indiscutible el peso que se le da a la relación terapéutica y a los diferentes matices con los que se contempla.

Carl Rogers (1980a) fue el primero en defender que la psicoterapia era efectiva no tanto por el empleo de determinadas técnicas, sino por el tipo de relación que se establecía con el/la paciente. Ser empático/a, congruente, cálido/a y aceptar positiva e incondicionalmente al paciente serían las características fundamentales que debería tener el/la terapeuta.

 

Según Bordin (1994), la alianza terapéutica es un constructo que se hace operativo por medio de tres componentes: acuerdo entre paciente y terapeuta respecto a los objetivos de la terapia, acuerdo acerca de las tareas propias de la terapia que se esté llevando a cabo, y establecimiento de un vínculo entre paciente y terapeuta que «probablemente se siente y expresa por medio del aprecio, la confianza y el respeto mutuo, y por la percepción de que existe un compromiso común y una recíproca comprensión de las actividades psicoterapéuticas».

 

En este sentido, se puede contemplar la alianza terapéutica como el punto de encuentro entre dos planetas distintos, pertenecientes al mismo universo, con muchos puntos en común, donde no importa quién ni por qué, donde la prevalencia se le concede a la aceptación y no al juicio, en el que el/la terapeuta acompaña al paciente en su viaje exploratorio sirviéndole de bastón en el que apoyarse, ayudándole de este modo en la identificación de los diferentes recursos que tiene a su alcance.

 

Es por esto, que el primer objetivo en toda terapia, y en especial con pacientes con patología vincular, es crear un espacio seguro; pero la seguridad no es una variable que preexista al encuentro terapéutico, sino que es una variable que tenemos que co-construir. Tiene que ser una característica emergente del encuentro, y para que se vaya construyendo a lo largo de todo el proceso, necesariamente la relación pasará por impasses (entendida como una situación con difícil solución), tensiones o rupturas.

 

De este modo, podemos considerar que hacer terapia es una danza, en el que el/la terapeuta se compromete a “aprender” los pasos necesarios para acompañar en el baile vincular paciente-terapeuta, tomando compromiso en la constante revisión de sus límites, barreras y dificultades para lograr de este modo estar afinado/a como “instrumento” que es como terapeuta en la relación, con su personalidad, dificultades, historia personal, forma de ser y hacer específica, en pro de ofrecer al paciente un espejo cristalino libre de  expectativas; en definitiva, un contacto de persona a persona,  en el que como indica Jose María Gondra (1978), señalando palabras de C.Rogers: “Es un interés tal por la persona, que se evita todo deseo de interferir en su desarrollo y de utilizarlo en vistas a metas propias”.

 

Es por esto que se puede afirmar que para que la alianza terapéutica sea buena, tanto el/la terapeuta como el/la paciente deben aunar su experiencia y conocimientos, siendo capaces de adoptar distintos puntos de vista, entenderlos y aceptarlos, estando abiertos al cambio.

 

En paralelo a la co-construcción de dicha alianza paciente-terapeuta, parece interesante contemplar que dicha relación terapéutica con una pareja o familia parte de una complejidad que la hace diferente de la alianza terapéutica individual. Dicha complejidad radica en que el trabajo pasa de ser con una persona a serlo con un sistema o conjunto de personas, cada una de ellas con sus características individuales. El trabajo del terapeuta en terapia familiar, para crear un sistema terapéutico caracterizado por las alianzas, debe sustentarse en aspectos tanto técnicos como teóricos (Carpenter, Escudero, y Rivett, 2008). Desde el plano teórico hay una orientación básica: el terapeuta ha de prestar atención simultánea a las necesidades del sistema en su conjunto y de sus miembros a nivel individual, entrelazándolas de una forma que tenga sentido para todos los miembros del sistema mediante el “re-encuadre” del problema. Dicho re-encuadre suele incluir señalar las buenas intenciones de todos/as (Pittman, 1987), así como enfatizar los valores comunes y las fortalezas del sistema en su totalidad. Esto es fundamental, ya que la creación de una buena alianza con el sistema familiar y entre los miembros de la familia exige muchas veces transformar las metas individuales en metas de grupo, de forma que la terapia sea experimentada por cada miembro de la familia/pareja como “nuestra terapia”, en el que ninguna de las partes del sistema se sienta amenazada o en peligro.

 

Es por todo esto que, en Vínculo, cuidamos y trabajamos en la creación de una buena alianza terapéutica tanto a nivel individual como en terapia familiar, en el que trabajando de forma conjunta se avance en el camino al bienestar individual y con él, en el familiar.

 

 

Bibliografía:

Rogers, C. (1980a). Condiciones necesarias y suficientes del cambio terapéutico de personalidad. En En J. Lafarga, & J. Gómez (Eds.), Desarrollo del potencial humano: aportaciones de una psicología humanista, Vol. 1. México D.F.: Trillas.

Bordin, E.S. (1994). Theory and research on the therapeutic working alliance: New directions. En A.O. Horvath y L.S. Greenberg (eds.), The working alliance: Theory, research and practice. New York: Wiley and sons.

Gondra, J.M. (1978). ( Apuntes sobre la psicoterapia de G. Egan: un modelo integrador postrogeriano. Barcelona: Instituto Erich Fromm de Psicología Humanista.

Capenter, J., Escudero, V. y Rivett, M. (2008). Training family therapy students in conceptual and observation skills relating to the therapeutic alliance: an evaluation. Journal of Family Therapy.

Pittman, F. (1987). Turning points: Treating families in transition and crisis. Nueva York: Norton.

Marta Narro

belleza

Belleza: lo subjetivo hecho norma

Según la Real Academia Española, la belleza es la propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en quien las contempla un deleite espiritual. Plantea que esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas. Por otro lado, la palabra canon proviene del griego kanon, que significa regla, aunque originalmente un kanon era una vara para medir. Read more

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Comienza un nuevo año, y como es natural en nuestra forma de funcionar, tenemos que hacer un resumen valorativo de lo que …

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