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Discusiones

Las discusiones: las grandes temidas en las relaciones humanas. 

En el lenguaje cotidiano, la palabra “discusión” tiene un significado peyorativo, ya que se considera como algo a evitar en las relaciones sociales o signo de que las cosas van mal. Las discusiones, tanto con amigos/as, familia o en pareja, son algo habitual y normal. Si se hace de forma adecuada, es un proceso sanador, ya que puede demostrar deseo de acercamiento, permitiendo llegar a nuevos entendimientos y acuerdos, dando lugar a un fortalecimiento de la relación.

La habilidad básica que hemos de cultivar para ser más eficientes a la hora de discutir es la asertividad. La asertividad consiste en conocer los propios derechos y defenderlos sin atacar al otro en el proceso, respetando que también tiene los suyos propios.
Cuando discutimos con otra persona, hemos de ser conscientes de que no contamos con un moderador externo. Es decir, los/as encargados/as de moderar el tono y la dirección de la discusión somos nosotros/as mismos/as.

El primer paso para cuidar las discusiones es decidir la actitud con la que queremos enfrentarnos a ellas. A menudo, estamos predispuestos/as a reaccionar de una manera determinada, de manera instintiva y a veces impulsiva. Es importante conocer nuestras reacciones y conectarlas con la emoción que las dispara, para así poder responder de manera diferente en caso de que no sea adecuada, ya sea para nosotros/as mismos/as o para la otra persona.

Una vez decidamos la actitud con la que nos queremos enfrentar al conflicto, es vital que definamos los objetivos. ¿Qué quiero sacar de esta discusión? La respuesta a esta pregunta no debe ser “ganar”. Por ejemplo, en una relación de pareja, ambos miembros forman un equipo, si uno gana, el otro también lo hace; la ganancia es un beneficio común.
Por tanto, os proponemos que antes de entrar de lleno en el conflicto os hagáis la pregunta de qué queréis conseguir con la discusión. Teniendo este objetivo claro, resulta mucho más sencillo empezar a dibujar el camino que hemos de seguir para conseguirlo. Es decir, si pretendemos llegar a un punto en común, es importante ser conscientes de cómo queremos transmitir el mensaje, evitando utilizar aquellas palabras o frases que pueden resultar hirientes o que no logran comunicar lo que queremos de la manera que queremos. Hablar desde el yo y desde lo que sientes y necesitas es una buena manera de expresar lo que quieres, favoreciendo a su vez una respuesta no defensiva por parte de la otra persona.

En primer lugar,

es importante que la discusión fluya en los dos sentidos. Para poder contestar de manera concreta a los argumentos que el otro presenta, debemos escuchar a la otra persona.
Asimismo, es fundamental recordar que las generalizaciones no son buenas. En primer lugar, porque en general no son ciertas, ya que casi nada suele ser rotundo e inalterable, y en segundo lugar porque generan en la otra persona una actitud defensiva, ante lo que se percibe como un ataque. Hablar con términos como “siempre” o “nunca” hace que la discusión se convierta en una batalla de reproches para averiguar quién es más responsable de los problemas.

Como hemos explicado otras veces, las relaciones humanas son recíprocas y bidireccionales, de tal forma que lo que hace A influye en la respuesta de B y viceversa. Esto quiere decir que, en la gran mayoría de los conflictos, la responsabilidad (y no culpabilidad) es compartida, ya que seguramente ambos miembros han contribuido a agrandar el daño. Por esto, la reparación también es responsabilidad de ambos/as, reflexionando sobre qué pueden hacer de manera diferente para llegar a un acuerdo y restaurar el bienestar.
Finalmente, y retomando lo que mencionábamos al inicio sobre la asertividad, es importante que, una vez tengamos claro lo que queremos conseguir, seamos capaces de expresarlo. El quid de las discusiones será, por lo tanto, poder comunicar nuestra necesidad, sin atacar a la otra persona al hacerlo. ¡Cuánto más explícita/o seas en cuanto a lo que necesitas, mejor!

¿Sientes que las discusiones con tu familiar, amigo/a, compañero/a de trabajo o pareja se convierten en escaladas imparables? Si consideras que necesitas o necesitáis ayuda a la hora de resolver conflictos o comunicaros de una manera más adecuada o efectiva, no dudes en ponerte en contacto con nosotras. Estaremos encantadas de acompañarte o acompañaros en vuestro proceso.

Eugenia Teresa Gómez-Ulla Astray

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