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El cambio: un desequilibrio necesario

¿Alguna vez has sentido que deberías cambiar algo en tu vida, pero no sabías cómo? ¿Sentir que te vendría bien, pero sin lanzarte a dar el primer paso? Esto es algo completamente normal, ya que un cambio, aunque sea a mejor, implica romper con lo conocido, con lo denominado homeostasis. La homeostasis es la tendencia a buscar y mantener el equilibrio, lo que genera seguridad. Un cambio implica introducir algo nuevo, genera un desequilibrio, pero, una vez se consolida, recuperamos la sensación de estabilidad que tanta paz genera.

Todo cambio necesita de motivación para poder darse. La motivación no es un rasgo de personalidad, sino un estado de disponibilidad al cambio, el cual puede fluctuar de un momento a otro. Prochaska y DiClemente son dos psicólogos que en su momento construyeron un modelo para comprender el proceso de cambio y sus distintas fases o etapas. Es un modelo muy útil para tener en cuenta en el trabajo con un paciente en terapia, ya que conociendo en qué punto se encuentra es como más vamos a poder ayudarle, entendiendo las dificultades que pueda estar experimentando. Las fases se representan en una rueda, lo que indica que no se trata de un proceso lineal, con un inicio y un final, sino que se trata de un ciclo, por el que se puede pasar más de una vez.

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Cada fase se caracteriza por una serie de aspectos:

  • Precontemplación:

En esta etapa, la persona no es consciente de que tiene un problema y por tanto no considera que necesite cambiar. Por ejemplo, en caso de una persona que tiene un trastorno de la conducta alimentaria, en esta fase no vería sus conductas de restricción o atracón o la obsesión por el peso como algo patológico, por lo que no pensaría en que necesite cambiar.

  • Contemplación:

Es la etapa de la ambivalencia, en la que la persona reconoce que tiene un problema, pero tan pronto encuentra razones para cambiar como para no hacerlo. Siguiendo con el ejemplo anterior, en este momento la persona seguramente sea consciente de que ciertas conductas que realiza le generan malestar (como restringir o darse atracones, hacer mucha actividad física como una manera de compensar…), pero tiene reticencias frente al cambio, puede que porque piense que sola podrá salir de ello o por miedo a preocupar a su entorno.

  • Determinación: 

Esta fase, la persona se decanta por cambiar, planteándose cómo podría hacerlo, cuáles serían los primeros pasos que tendría que dar… Si se pone en marcha, pasaría a la siguiente fase. Si no, volvería a la casilla de contemplación, dudando sobre qué hacer. En este caso, la persona tomaría la decisión de acudir a profesionales especializados que la puedan ayudar, como acudir a terapia.

  • Acción:

La persona en esta fase lleva a cabo una serie de acciones que le permiten conseguir pequeños cambios. Por ejemplo, en esta etapa del proceso, la persona se apoyaría en su entorno para que la ayuden a gestionar su alimentación, dejando que sean otros quienes le elijan las cantidades que necesita comer; haría actividad física con una frecuencia adecuada; no realizaría conductas de purga…

  • Mantenimiento:

El objetivo en esta fase es mantener los cambios iniciados en la etapa anterior y, por tanto, prevenir la recaída.

  • Recaída:

Este modelo considera las recaídas como parte del proceso de recuperación. Es normal que, a medida que la persona va avanzando, pueda haber momentos en los que los síntomas reaparezcan (como, por ejemplo, que una persona en tratamiento se dé un atracón). El objetivo es comprender qué ha llevado a la persona a recurrir a antiguas herramientas desadaptativas y ayudarla a poner en marcha los recursos que ha aprendido durante su proceso terapéutico.

  • Finalización:

Fase de culminación del tratamiento, en la que se considera que la persona cuenta con los recursos necesarios para poder funcionar y regularse de una manera saludable, pudiendo hacer frente a posibles recaídas.

¿Te sientes identificado/a con alguna de estas fases? Quizás responder a estas preguntas te pueda ayudar:

  • ¿Te gustaría cambiar algún aspecto en tu vida o, por el contrario, te sientes bien cómo estás?
  • ¿Sientes que hay cosas que podrías cambiar, pero no lo consideras necesario?
  • ¿Has tomado la decisión de que necesitas un cambio, pero no sabes muy bien cómo hacerlo?
  • ¿Sientes que te cuesta mantener en el tiempo los pequeños cambios conseguidos?

En terapia, es muy importante acompañar al paciente en cada una de las fases en las que se encuentre, creando un espacio de confianza en el que sienta que puede hablar de lo que necesite sin miedo a ser juzgado/a o rechazado/a. Dicho en otras palabras, se trata de construir una relación reparadora para el paciente, en la que se le acompañe durante el proceso de comprensión de su problema y de construcción y descubrimiento de los recursos que necesita para superarlo. Si crees que necesitas un cambio y necesitas a alguien que te acompañe en el proceso, en Vínculo podemos ayudarte. Porque como bien dijo Fritz Perls, el cambio es una oportunidad.

 

Bibliografía

Miller, W. y Rollnick, S. (2015). La entrevista motivacional. Preparar para el cambio de conductas adictivas. Barcelona: Paidós.

 

Andrea Caballero Bragado

Psicóloga

Equipo Vínculo.

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