El Trastorno de Identidad Disociativo: desmintiendo algunas creencias

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Visualiza tu identidad como un espejo, el cual un día se rompe en varios pedazos debido al impacto de un bate de béisbol. Ese espejo, que ahora se ha convertido en varios trozos, va a seguir haciendo su función, aunque desde dimensiones distintas.

Esta analogía hace referencia al Trastorno de Identidad Disociativo (TID), antes conocido como Trastorno de Personalidad Múltiple. Esta patología se ha dado a conocer por su mala representación en películas y series como, por ejemplo, en la tan conocida Psicosis. En este blog vamos a intentar no sólo desmentir algunas creencias sobre esta enfermedad sino, también mostrar la realidad detrás de este trastorno.

La mente de estas personas, en lugar de ser una sola (espejo completo), se divide en varias partes (trozos del espejo), para poder sobrevivir a situaciones demasiado dolorosas (bate de béisbol). Esto genera una identidad con falta de unidad entre las partes en la que una persona convive con dos o más identidades que no se reconocen entre ellas. Estas personalidades se van “turnando” para tomar el control. Cada entidad puede tener su propio nombre, forma de hablar, personalidad, edad y hasta recuerdos. Estas personalidades aparecen como una forma de protegerse del dolor, especialmente cuando la persona ha vivido traumas fuertes en la infancia, como abusos o violencia. Esta vivencia en una edad temprana genera un sufrimiento tan doloroso que no puede ser soportado por el niño o la niña y su mente puede necesitar disociar esos recuerdos o emociones en otras partes internas. Así, en lugar de cargar con todo ese sufrimiento, su mente lo reparte entre diferentes “yoes”. Con el tiempo, esas partes pueden volverse más cada vez independientes dentro de una misma persona.

Para entender esta patología hay que tener en cuenta que no todas las personas con este trastorno tienen síntomas visibles. Los cambios entre identidades pueden ser sutiles o internos. Algunos síntomas que podemos encontrar en estos sujetos son pérdidas de memoria de eventos importantes o de mucho tiempo (lagunas amnésicas), cambios repentinos en la forma de hablar o actuar, sentimientos de desconexión para con uno mismo o del mundo, sentir confusión sobre quién es realmente, sentimientos de tristeza y ansiedad, pensamientos negativos o ganas de desaparecer; y dolores físicos o convulsiones sin causa médica clara.

Como sociedad podemos ayudar a estas personas a conseguir una mejor calidad de vida no juzgándolos o burlándonos de ellos. Es importante entender que no intentan llamar la atención, que este trastorno es más dañino para uno mismo que para los demás (aunque las películas busquen retratar lo contrario) y que no es un superpoder, es una forma de  gestión del dolor interno que puede llevar a las personas a desarrollar confusión emocional y/o de la identidad, ansiedad, depresión, autolesiones y conductas suicidas. También podemos acompañarlos, informándonos con fuentes fiables, y tratar con estas personas con empatía, generando un entorno en el que se pueda hablar del trauma y la salud mental con respeto.

El TID es un trastorno que puede mejorar con una terapia especializada, enfocándose en entender la problemática e intentar sanar los traumas del pasado, estabilizando las emociones y recuerdos difíciles, creando una comunicación entre las diferentes identidades, y, en algunos casos, uniendo estas entidades en una sola que sea más fuerte y estable para la persona.

Por lo que podemos concluir que el Trastorno de Identidad Disociativo no es una locura ni una invención. Es una respuesta profunda de la mente para sobrevivir al trauma.

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