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Emociones y parentalidad

¿A qué nos referimos con eso de ‘emoción’?

 Entendemos emoción como un proceso psicológico multidimensional que nos ayuda a conectar con el entorno. Cuando sentimos una emoción se producen una serie de cambios a nivel fisiológico y cognitivo que nos ayudan a identificar y reaccionar a los distintos sucesos que nos rodean. Nos dan información sobre nosotros mismos, de lo que nos gusta, de lo que no nos gusta… pero también nos hablan de qué estímulos o situaciones son peligrosas, pudiendo huir de ellas, o cuáles son agradables, propiciando un acercamiento. Por este motivo las emociones son tan útiles y necesarias, porque tienen un carácter adaptativo, ayudándonos en la supervivencia a lo largo de la evolución.¿Cómo se desarrolla la emoción en la primera etapa de la vida?

 Desde el minuto 1, el recién nacido ya presenta dos emociones básicas, que son el placer y el disgusto, las cuales manifiesta mediante dos conductas: el llanto y la sonrisa. Tras unas semanas aparece la curiosidad, el interés por lo desconocido o aquello que llame su atención. También aparece la sonrisa social, aquella dirigida a otra persona, con el objetivo de interactuar con ella, de tal forma que hacia los 3-4 meses comienza la risa, en especial ante rostros conocidos y familiares. Si avanzamos hacia la mitad del primer año y los 8 meses encontramos la consolidación del enfado, cuando algo o alguien impide que consigan sus objetivos (por ejemplo, poder coger un objeto que ha llamado su atención). Ya hacia el noveno mes se vuelve más frecuente el miedo, en especial el miedo ante la separación del cuidador principal y el recelo ante los rostros no familiares. El miedo ante todo lo inesperado es normal y con el apoyo de la madre y/o padre poco a poco va disminuyendo.

 

Ya en el segundo año aparecen otras emociones más elaboradas que además van dirigidas tanto a personas como objetos; estas son: orgullo, vergüenza, pena, culpa, rebeldía, celos… Y esto se debe a que el niño empieza a desarrollar la conciencia ‘del otro’ y la conciencia de ‘sí mismo’; es decir, adquiere un sentido del ‘yo’, empieza a vivirse como un ente diferente a sus cuidadores y resto de personas que le rodean, con una serie de necesidades, pensamientos y sentimientos diferentes y únicos.

¿Cómo influyen los padres en el desarrollo emocional de su hij@?

 El entorno familiar es el que, durante los primeros dos años de vida, se encarga de identificar, interpretar y dar un significado a las emociones del niñ@. Así, con el paso del tiempo, la interpretación y significado que el/la niñ@ le dé a sus emociones y la manera en la que se regule emocionalmente va a estar mediado por el entorno en el que se ha criado (tanto familiar como en la escuela). Esto se produce a través de un proceso denominado mentalización, que consiste en la capacidad de entender que los demás, al igual que nosotros, tienen una serie de procesos mentales únicos (pensamientos, emociones…) y la capacidad de poder entender lo que pasa por la mente de los demás, “leyendo” su comportamiento. Esto es algo que se produce de manera bidireccional, ya que los padres interpretan cómo se puede sentir su bebé por cómo se está comportando y, con el paso del tiempo, el/la niño/a aprende a hacerlo con sus padres. Así, el/la niñ@ va dando significado a lo que siente en función de lo que percibe en sus figuras de apego, actuando en consecuencia.

Por ejemplo, cuando nuestro/a hijo/a se cae y llora, es importante poder poner palabras a cómo se puede estar sintiendo (“Eso te ha tenido que doler, es normal que estés asustado/a”), para que poco a poco vaya pudiendo identificar y descifrar tanto sus propias emociones como las de los demás.

¿Qué puedo hacer para que mi hij@ tenga un correcto desarrollo emocional?

  •  En primer lugar, es importante aprender a identificar nuestras propias emociones para poder ayudar a nuestr@s hij@s a detectar cómo se sienten y poder responder en base a ello (si llora, ver qué le puede estar pasando; si está enfadado/a, entender por qué; si está contento/a, interesarnos por ello y compartir su alegría…).
  • Validar sus emociones es muy importante, explicarles que cada emoción tiene su función y que tenemos que explorar juntos por qué está ahí en ese momento.
  • Acompañar sin juzgar su emoción. A veces puede pasar que por el hecho de ser niños/as, no damos importancia a cómo se puedan sentir o a sus opiniones. Sin embargo, es muy importante prestar atención a cómo se sienten y a qué necesitan, darle la importancia que tiene.

 

El mundo de las emociones es un mundo complejo, del que siempre vamos a estar aprendiendo. No sólo puede resultar complicado identificar y descifrar nuestras propias emociones, sino hacerlo en los demás, especialmente si son niños/as y no saben hacerlo por sí mismos/as. Por eso, si sientes que necesitas ayuda tanto para contactar con tus propias emociones como para “leer” las emociones y necesidades de tu hijo/a y ayudarle en este proceso, en Vínculo estamos a tu disposición.

 María aguado López

Bibliografía

Aguado, L. (2005). Emoción, afecto y motivación. Un enfoque de procesos. Madrid: Alianza editorial.

Eysenck, M. W. (2009). emotion, stress and coping. En M. W. Eysenck, Fundamentals of Psychology (pág. 702). New York: Psychology press.

Fernández-Abascal, E. G., & Jimánez Sánchez, M. P. (2010). Psicología de la Emoción. En E. G. Fernández-Abascal, B. García Rodríguez, M. P. Jiménez Sánchez, M. D. Martín Díaz, & F. J. Domínguez Sánchez, Psicología de la Emoción (pág. 510). Madrid: EDITORIAL UNIVERSITARIA RAMÓN ARECES.

Stassen Berger, K. (2007). Psicología del Desarrollo. Infancia y Adolescencia. New York: Editorial Médica Panamericana.

 

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