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INTELIGENCIA EMOCIONAL INFANTIL

INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LOS NIÑOS

De manera cotidiana nos vemos inmersos en multitud de emociones como miedo, tristeza, ira, alegría, asco, sorpresa… Estas emociones imperan en nosotros e influyen en nuestra conducta y en nuestros pensamientos. Pero ¿Qué ocurre en el caso de los y las niñas?, ¿Tienen igualmente emociones que influyen en su conducta y pensamientos?

Efectivamente, al igual que los adultos, los niños y niñas sienten emociones de manera continua, pudiendo sentir enfado cuando no son invitados al cumpleaños de un compañero, miedo cuando se separan de sus padres o tristeza cuando obtienen una mala calificación.

Teniendo en cuenta que las emociones tienen un papel nuclear en nuestras vidas, resulta primordial que los padres realicen desde edades tempranas un entrenamiento en Inteligencia Emocional, es decir, que enseñen a sus hijos a discriminar las emociones propias y ajenas, así como a emitir una respuesta congruente con las mismas.

¿Cómo repercute el manejo de la Inteligencia Emocional en las y los niños?

Diversos estudios realizados con población infanto-juvenil señalan la importancia de la adquisición de una adecuada gestión emocional en edades tempranas del desarrollo, ya que, aquellos niños y niñas que obtienen mayores puntuaciones en Inteligencia Emocional presentan menores niveles de ansiedad social, consumo de sustancias, depresión y rumiación, así como mayores niveles de autoestima, empatía, empleo de estrategias de afrontamiento activo para la resolución de conflictos, y satisfacción ante la vida.

Igualmente, los niños y niñas que presentan una alta Inteligencia Emocional parecen ser más eficaces en las relaciones interpersonales, consiguiendo grandes redes de apoyo, lo cual les hace menos vulnerables a ciertas problemáticas de salud y estrés.

Por el contrario, aquellos niños y niñas que presentan un pobre ajuste emocional son más proclives a desarrollar trastornos de tipo internalizante como ansiedad o depresión. Del mismo modo, se ha observado que los niños que presentan dificultades en esta capacidad obtienen un rendimiento académico bajo, que podría ser explicado por un manejo inadecuado de los estados emocionales propios durante los periodos de evaluación, produciéndose así un desbordamiento que sin duda influye en las calificaciones de estos.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a que adquieran esta capacidad de manera adecuada?

A continuación, se presentan 5 claves que los padres pueden poner en marcha:

  1. Introducir un vocabulario emocional. Se trata de que los niños conozcan las diferentes emociones, pudiendo describirlas de manera precisa. De este modo, cuando sientan una de ellas serán capaces de identificarlas, nombrarlas e incluso pedir ayuda si lo necesitan.
  2. Favorecer el reconocimiento emocional. Los niños y niñas deben aprender que las emociones van acompañadas de expresiones faciales y sensaciones corporales diferenciales en función de la emoción que predomina. Así se consigue que los niños sean capaces de identificar las propias emociones, las de los demás y comprendan que la aparición de estas sensaciones resulta adaptativa cuando se experimenta determinada emoción.
  3. Fomentar la comprensión emocional. Consiste en que los niños conozcan que las emociones tienen diversas causas, así como múltiples opciones de respuesta.
  4. Permitir la expresión emocional. Es importante que la expresión emocional tenga un espacio en el hogar, permitiendo que cualquier emoción pueda ser manifestada.
  5. Promover una adecuada regulación emocional. Ante las emociones que los niños y niñas sienten, es importante que los adultos emitan una respuesta congruente con la situación presente, evitando el distanciamiento o respuestas desproporcionadas, ya que, la forma en que manejen los adultos la situación será tomado como modelo por los niños, quienes actuarán de manera similar en ocasiones futuras.

Si tenemos en cuenta la clasificación propuesta en el anterior blog sobre los diversos estilos educativos parentales que los padres pueden poner en práctica con sus hijos, el estilo parental que se relaciona con un adecuado desarrollo emocional infantil es el autorizativo. Esta práctica de crianza combina la demanda de exigencias y control con una adecuada percepción y regulación de las necesidades y emociones del niño, promoviendo así que estos aprendan a identificar, nombrar y manejar sus emociones y las de los demás de manera positiva.

María Elena Sánchez Navas

* Para favorecer el debate en casa recomendamos la película Del revés o el cuento El Monstruo de Colores entre muchos otros

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