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¿A QUÉ LLAMAMOS CULPA Y POR QUÉ NOS SENTIMOS CULPABLES?

Las situaciones que vivimos a lo largo de la vida, nuestra infancia y las relaciones con los demás son varios de los factores que conforman nuestra forma de ser y de actuar, nuestros valores. Pero, ¿qué ocurre cuando sentimos que actuamos en contra de lo que pensamos, cuando sentimos que rompemos una norma? Es entonces cuando aparece el sentimiento de culpa.

La culpa, una dimensión muy común en los seres humanos y que está relacionada a menudo con la lucha entre los valores establecidos. Ahora bien, ¿qué entendemos por culpa?

La Real Academia Española de la lengua la define como la “responsabilidad o causa de una acción negativa o perjudicial, que se atribuye a una persona o a una cosa”.

En el ámbito de la psicología hablamos de culpa refiriéndonos a aquellas respuestas emocionales y cognitivas que aparecen cuando creemos haber transgredido las normas éticas o sociales y, sobre todo, cuando como consecuencia de ello se ha causado daño a otra persona. Influye por lo tanto la conciencia moral, un conjunto de normas y valores que hemos construido desde la infancia y que nos permite establecer los límites a nuestra conducta y a nuestros pensamientos, diferenciar lo que está bien de lo que está mal.

Podemos decir entonces que un rasgo fundamental de la culpa es que normalmente conlleva una evaluación relativa al propio yo en relación con una serie de criterios aprendidos acerca de lo que constituye una actuación adecuada. Es decir, implica cuestionar si la propia manera de actuar ha sido acertada, lo que puede hacer tambalear la autoestima.

Ahora bien, ¿la culpa siempre tiene una connotación negativa? Cuando actúa de forma adaptativa, su función es la de evaluar, reconocer los errores para aprender de ellos y poner en marcha acciones de ajuste y reparación. Estas conductas, cuando se llevan a cabo, cumplen un papel fundamental en la reparación de las relaciones interpersonales que han podido resultar dañadas.

Por otro lado, es importante destacar que diversos estudios muestran que la culpa tiende a asociarse con la empatía, puesto que se reacciona de forma empática ante el sufrimiento ajeno siendo consciente de ser el agente causal de dicho sufrimiento. Al centrarse en una conducta específica, se favorece que la persona atienda a las consecuencias de su conducta en los otros, lo que le confiere un carácter de aprendizaje que no debemos olvidar.

Culpa y vergüenza: algunos matices.

Echeburúa plantea que la culpa se siente hacia una conducta concreta, mientras que la vergüenza implica una auto-descalificación global, centrándose en la propia persona.

Michael Lewis propone un modelo estructural para diferenciar las emociones autoevaluativas en el que trabaja a partir de dos variables básicas: la evaluación de la propia conducta como positiva o negativa, y la atribución interna global o específica de dicha conducta. Según este modelo, la vergüenza es causada por una evaluación negativa del yo de carácter global. La culpa surge también cuando se da una evaluación negativa, pero en este caso la evaluación es específica, se focaliza en la acción y no se refiere al yo en su conjunto.

Cuando experimentamos vergüenza deseamos “escondernos”, normalmente provoca la interrupción de la acción, una cierta confusión mental y cierta dificultad o torpeza para hablar. Se trata por lo tanto de una emoción más pública, en la que influye la posible observación por parte de terceras personas (presentes o imaginadas).

Por el contrario, la culpa surge de una evaluación negativa del yo más específica, referida a una acción concreta. Se trata de una emoción más privada que surge de la propia desaprobación y no requiere de observadores externos. Es por ello que no provocará tanta confusión como la vergüenza, sino que se orientará hacia una tendencia correctora que a menudo conduce más bien a la puesta en marcha de conductas orientadas a reparar la acción negativa, así como a una reconsideración de la forma de actuación futura.

Si volvemos a la concepción moral que comentábamos antes, podemos establecer la diferencia refiriéndonos a la culpa como aquel sentimiento que aparece cuando se transgreden ciertas normas o reglas, mientras que mostramos vergüenza cuando no se alcanzan ciertos estándares o metas.

Entonces, ¿qué podemos hacer cuando nos sentimos culpables?

Es importante entender que el malestar que nos provoca la culpa surge en gran medida del modo en el que nos juzgamos, siendo la interpretación que hacemos de la acción (o de la omisión de la acción) y la valoración que hacemos de ello lo que generará los sentimientos de culpa. Por lo tanto, no siempre tienen que ser reales, sino que se trata de un proceso totalmente subjetivo guiado por nuestra interpretación y valoración. Este es el primer punto a tener en cuenta, la subjetividad.

Por otro lado, la desvalorización, el autocastigo y la descalificación son a menudo compañeros de la culpa que nos hacen pensar que no podemos actuar y que “el daño” ya está causado. Poder aprender a gestionar lo ocurrido analizándolo nos ayuda a emprender acciones tanto externas como internas de reparación, convirtiéndonos en elementos activos de nuestras vidas.

Por último, una de las formas más saludables para afrontar la culpa es aceptarla para considerar y reflexionar los motivos por los cuáles ha aparecido. No se trata tanto de dejar de sentirla o evitar el sentimiento, sino en aceptar su aparición y aprender de ella. ¿Por qué me siento así?, ¿qué me ha provocado la culpa? De este modo podremos encontrar alternativas para poder afrontar la situación en la que nos hemos sentido culpables, poniendo en marcha mecanismos de acción y reparación.

Toda emoción, por muy desagradable que pueda resultar, tiene una función y está ahí para comunicarnos algo; basta con escuchar.

Bibliografía

Cordero, J. (1976). Psicoanálisis de la culpabilidad. Estella: Verbo Divino.

Echeburúa, E., del Corral, P., J. Amor, P. (2001). Estrategias de afrontamiento ante los sentimientos de culpa. Análisis y modificación de conducta.Vol. 27, Nª 116 (pp. 905-929)

Etxebarria, I., Conejero, S., Martínez, R., Muñoz, N. y Pérez, V. (2003). Componentes emocionales en la experiencia subjetiva de culpa. Comunicación presentada en el III Simposio de la Asociación de Motivación y Emoción, Valencia.

Etxebarria, I. (2003). Las emociones autoconscientes: culpa, vergüenza y orgullo. En E. G. Fernández-Abascal, M. P. Jiménez y M. D. Martín (Coor.). Motivación y emoción. La adaptación humana (pp. 369-393). Madrid: Centro de Estudios Ramón Areces.

Pascual, A., Pérez, V., Etxebarria, I., e Isasi, X. (2003). Algunas diferencias entre culpa y vergüenza. Comunicación presentada en el III Simposio de la Asociación de Motivación y Emoción, Valencia.

Melanie Klein Trust (1975). Amor, reparación y culpa. Paidós

María Cacho

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