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LA IDENTIDAD EN LOS ADOLESCENTES

LA ADOLESCENCIA O CÓMO FAVORECER LA IDENTIDAD DE NUESTROS HIJOS

La adolescencia es una etapa muy importante para el desarrollo psicológico de nuestros hijos, en la que van a tener que hacer frente a uno de los hitos más importantes del ciclo evolutivo: desarrollar su propia identidad.

Para conseguirlo, van a tener que encontrar un equilibrio entre 1) el funcionamiento emocional y el intelectual y 2) la intimidad y la autonomía en las relaciones (Bowen, 1978). Es decir, que tendrán que, por una parte, desarrollar la habilidad para distinguir los pensamientos de las emociones, siendo capaces de decidir en base a cuál de ellos actúan y, por otra parte, desarrollar la capacidad para equilibrar entre la intimidad con los otros y la dependencia de ellos.

Para desarrollar estas complejas tareas, necesitarán de la base segura que supone su familia, aunque a lo mejor no encuentren la mejor manera de demostrarlo.

En este sentido, los adolescentes que logren desarrollar su propia identidad, se convertirán en adultos más flexibles, versátiles y con mayor facilidad para gestionar el estrés (Skowron y Friedlander, 1998) que aquellos que desarrollen una identidad falsa (por ejemplo, sometida a la voluntad de sus padres o, por el contrario, sometida a la oposición a sus padres). Además, podrán “estar emocionalmente próximos a los demás sin que ello suponga fusiones emocionales o pérdidas de identidad” (Bowen, 1989, p. 111).

Sin embargo, los adolescentes que no logren desarrollar su verdadera identidad, actuaran de manera reactiva emocionalmente o, por el contrario, de manera excesivamente racionalizadora (Lebrero y Moreno, 2014) cuando sean adultos. Además, serán muy reactivos emocionalmente a los dictados de su familia, adaptándose a ellos de manera sumisa o, por el contrario, rebelándose en contra de ellos (Lebrero y Moreno, 2014).

 

¿Cómo podemos ayudar a que nuestros hijos desarrollen su propia identidad?

Para lograr el desarrollo de la propia identidad, va a ser necesario un distanciamiento del adolescente con respecto a sus padres, sin que esto implique la ruptura del vínculo. Para algunos padres es doloroso aceptar que sus hijos prefieran pasar el tiempo fuera de casa con sus amigos, que dejen de contarles tantas cosas como hacían antes o que se encierren en su habitación nada más llegar a casa. Sin embargo, la actitud que mostramos los padres ante estos comportamientos es fundamental, ya que la apertura hacia lo extrafamiliar es necesaria para que los adolescentes se reconozcan como personas diferentes, con criterio propio, con valores, necesidades y prioridades distintos a los de sus padres.

9 ACTITUDES QUE AYUDAN A TU HIJX EN LA ADOLESCENCIA (Y A TI) (Oliver, 2010):

  1. Cuidar el vínculo. Para que se pueda dar la autonomía es importante que exista un buen vínculo entre los padres y el adolescente. Para ello, los padres deben proporcionar afecto a sus hijos, fomentar la comunicación libre y sincera y mantener momentos agradables con ellos en los que las conversaciones no sean temas de discordia (estudios, responsabilidades, etc.).
  2. Hacer equipo. Los padres deben pactar un criterio educativo común y hablar de sus diferentes opiniones, si las hubiera, siempre en ausencia de sus hijos. Es muy importante no desautorizar al otro progenitor delante del adolescente.
  3. Delegar gradualmente la toma de decisiones en los hijos. Los padres deben aceptar las decisiones que sus hijos van tomando (grupo de amigos, itinerario que quieren estudiar, vestimenta…), aun si no están de acuerdo con éstas, así como permitir que experimenten las consecuencias de las decisiones que toman.
  4. Traspasar progresivamente las responsabilidades a los hijos. En la adolescencia, los hijos ya están preparados para ir asumiendo responsabilidades (hacerse la merienda, decidir cuándo hacen los deberes, llevar las llaves de casa…). Atendiendo a sus capacidades, los padres deben darles gradualmente más responsabilidades.
  5. Permitir que los hijos vivan las consecuencias de sus decisiones. Hacerse responsables también implica asumir las consecuencias de nuestras decisiones y comportamientos. Por este motivo, es importante que los padres cumplan las amenazas o advertencias que hayan hecho a sus hijos y que no eviten que sufran las consecuencias de sus actos, tratando de resolverles todos los problemas. De esta forma, los adolescentes podrán aprender de sus errores.
  6. Establecer unas normas y unos límites. Es necesario que los padres impongan unos límites a sus hijos, sin embargo, estos deben ser razonables y similares a los que tendrán que enfrentarse en el mundo adulto.
  7. No sermonear ni entrar en batalla con los hijos. Antes de entrar en una batalla sin fin con el adolescente, es mejor que los padres interrumpan la discusión y dejen que su hijo se enfríe. Desde un estado más calmado, es más probable que se muestre más receptivo a lo que le dicen sus padres.
  8. Reforzar los logros de los hijos sin focalizar demasiado en lo negativo. A veces los padres se centran en regañar a sus hijos por lo que hacen mal y se olvidan de reforzar sus comportamientos maduros. Sin embargo, es importante que los padres reconozcan aquello que sus hijos hacen bien para que éstos puedan hacerlo con mayor frecuencia.
  9. Cuidarse el que cuida. Por último, es muy importante que los padres tengan tiempo para ellos mismos para evitar así que acaben saturados. Esta etapa no implica solamente cambios para los adolescentes, sino que, como hemos visto, también conlleva muchos cambios en la forma en la que los padres tratan a sus hijos, y no siempre es fácil adaptarse.

BIBLIOGRAFÍA.

Bowen, M. (1978). Family therapy in clinical practice. New York: Aronson.

Bowen, M. (1989). La terapia familiar en la práctica clínica. Vol I: Fundamentos teóricos. Vol II: Aplicaciones. Bilbao: Desclée De Brouwer.

Lebrero, A. y Moreno, A. (2014). Terapia intergeneracional. En A. Moreno, Manual de Terapia Sistémica. Principios y herramientas de intervención (pp.298-335). Bilbao: Desclée De Brouwer.

Oliver, J. (2010, Mayo). Los roles parentales y la diferenciación del self de los hijos. Documento presentado en las I Jornadas de Trabajo para Profesionales: Hacia una metodología de intervención con familias. Fundación Atenea, Madrid.

Skowron, E. A., y Friedlander, M. L. (1998). The Differentiation of Self Inventory: Development and initial validation. Journal of Counseling Psychology45(3), 235-246.

 

Marta Mozas (alumna en prácticas).

Centro de Psicoterapia Vínculo

 

 

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