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LA PAREJA COMO SISTEMA

No vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos” – Anais Nin

 

Las personas estamos compuestas de un sistema de información que dicta nuestras conductas y condiciona nuestra percepción y cognición. Este sistema está formado por lo que heredamos de nuestras familias y grupos sociales, por experiencias, prejuicios y prescripciones que están también en nuestro contexto dentro de este sistema de información.

 

De la misma manera, la pareja es también un sistema, una estructura organizada para la satisfacción de necesidades básicas, tanto individuales como relacionales, es decir, cumple unas funciones. Entre las múltiples funciones que cubre, podemos destacar:

  • La pareja responde a la satisfacción de las necesidades afectivas propias y del otro.
  • Proporciona estabilidad y apoyo emocional propio y del otro.
  • Satisface la necesidad erótica (vivencias de placer).

 

Los miembros de una pareja deben poseer tanto la capacidad de leer adecuadamente las necesidades del otro como la de expresar las propias. ¿De dónde nos vienen estas necesidades? Estas necesidades individuales, pero a su vez compartidas por todos los seres humanos, provienen de lo que se conoce como el constructo del ciclo de la vulnerabilidad. ¿Qué es esto del ciclo de la vulnerabilidad? Por lo general, nuestras vulnerabilidades son resultado de experiencias en nuestras familias de origen donde podemos haber sentido que nos herían, criticaban, gritaban, descuidaban, rechazaban o abandonaban.

 

Por otro lado, las vulnerabilidades pueden estar relacionadas con experiencias fuera de la familia, tales como maltrato de los/as compañeros/as de colegio, haber vivido una guerra o estar en situación de pobreza. También pueden derivarse de heridas provocadas durante la historia de la relación misma, como decepciones repetidas o infidelidad. O pueden provenir de una situación actual estresante, como quedar exhausto/a por jornadas de trabajo muy exigentes, enfrentar una pérdida o enfermarse.

 

En el ciclo de la vulnerabilidad también entran en juego las denominadas estrategias de supervivencia. Dichas estrategias son creencias y herramientas que las personas adoptan para proteger y manejar sus vulnerabilidades. Suelen estar basadas en premisas del tipo: “Los hombres son peligrosos”; “No se puede confiar en las mujeres”; “Si me acerco demasiado, él me decepcionará”.

 

El ciclo se activa cuando las vulnerabilidades de cada miembro de la pareja se activan, lo que desencadena una puesta en marcha de sus respectivas estrategias de supervivencia con tal de protegerse. Esto a su vez puede conllevar que la otra persona reaccione o se comporte como el otro más teme, confirmando de alguna manera sus premisas básicas.

 

Por otro lado, existe un baile dentro de la pareja que oscila entre dos posturas: la de soporte y la de dependencia. Algunas veces uno/a de los/as dos necesitará más soporte por parte de su pareja y otras le tocará ser el soporte del otro. Cada uno/a debe poseer la flexibilidad psicológica para adaptarse a este baile de dos. A continuación, destacamos las características principales que implica cada una de las dos posturas:

 

Posición de soporte:

  • Asumir la responsabilidad de sostener, cuidar, apoyar, comprender.
  • Capacidad de dar.
  • Capacidad de empatía y de mentalización para actuar en consecuencia.
  • Necesario disponer de seguridad y de autonomía.

 

Posición de dependencia:

  • Asunción de necesidad de cierto grado de dependencia.
  • Asumir el rol de “ser cuidado”. Capacidad de “saber recibir”
  • Capacidad de expresar sus necesidades, de manera clara y transparente.

 

Llevarlo a la práctica no suele ser sencillo y a veces los problemas surgen cuando los miembros de la pareja se regidifican en estas posiciones.

 

Nos gustaría terminar con esta descripción del amor que realiza la Dra. Sue Johnson:

El amor supone la integración, la capacidad de renuncia, la aceptación de las limitaciones del otro y que el otro no puede darte todo. Cuando nos implicamos en una relación de amor adulta, recogemos nuestras relaciones infantiles de amor y desamor. Para podernos implicar en una relación adulta, hemos tenido que aprender a defender, a desarrollar la capacidad de cuidado hacia los demás y la capacidad de compartir.

 

El amor es un proceso constante de sintonizar, conectar, fallar y leer mal las claves, desconectar, reparar y encontrar una conexión más profunda. Es un baile de encontrarnos y despedirnos y volvernos a encontrar. Minuto a minuto y día a día.

 

Bibliografía:

  • De la Espriella Guerrero, R. (2008). Terapia de pareja: abordaje sistémico. Revista Colombiana de Psiquiatría, 37(1), 175–186.
  • Espínola, I. S., Cambranis, A. O., Salazar, M. A. M., & Esteves, C. G. (2017). Aproximación al concepto de pareja. Psicologia Para América Latina, 29, 7–22.

 

Ana Taberna

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