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LA ADOPCIÓN Y LA ADOLESCENCIA

LA ADOPCIÓN Y LA ADOLESCENCIA

La adopción: un sinuoso camino que va desde la más alta ilusión y expectativas a la frustración de transitar un arduo periplo durante años hasta que se consigue. Sin embargo, una vez conseguido, las dificultades no terminan ahí. Como en cualquier crianza se abre un proceso de retos, alegrías y desafíos para los que conviene estar preparados. En un porcentaje significativo de casos algunos padres y madres se encuentran que de convivir con niños adorables han pasado a tener en su casa adolescentes enfadados con el mundo que aparentemente les odian con todas sus fuerzas. Las familias adoptivas necesitan un acompañamiento, especialmente en la adolescencia, que muchas veces las agencias que les preparan para la adopción no llegan a darles.

Para poder comprender un poco que ocurre con los niños y niñas abandonados por sus padres biológicos y luego adoptados nos puede ayudar mucho la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth. Nos parece una teoría muy importante para entender todo tipo de relaciones humanas, y especialmente las que se producen en la familia, pero en el caso de las adopciones, muchísimo más puesto que puede estar dañado el sistema de vinculación desde etapas muy tempranas. El Apego es una forma de explicar la tendencia de los seres humanos a crear fuertes lazos afectivos con determinadas personas en particular. Los seres humanos tienden a establecer vínculos fuertes, selectivos y duraderos; y la alteración o la amenaza de que se alteren esos vínculos puede causar fuertes emociones y, en última instancia, psicopatología.

La teoría del apego nos explica que a la luz de nuestras primeras relaciones creamos unos modelos operativos internos, una serie de esquemas mentales con los que nos manejaremos en la vida. Estos modelos operativos nos dan datos básicamente de 2 baremos indispensables para la vida, la AUTOESTIMA: ¿soy una persona digna de ser querida y cuidada? y la CONFIANZA EN LOS DEMÁS: ¿es el entorno un lugar seguro?, ¿me puedo fiar en general de que el resto de los seres humanos buscarán mi bien o por el contrario procurarán hacerme daño? En base a estos esquemas estableceremos el resto de relaciones de nuestra vida. Sin embargo, no sólo son relevantes nuestras primeras relaciones, también tienen mucha  importancia las relaciones de apego secundarias y relaciones de amor curativas. Es decir, que esos esquemas se pueden re-escribir a la luz de nuevas experiencias relacionales. En la adolescencia por ejemplo, se reedita o se vuelven a poner a prueba los vínculos afectivos, agudizando el proceso de individuación, de independencia, y queda de manifiesto si los padres han podido ofrecer una base segura para que el adolescente pueda explorar nuevas relaciones y pueda ir mostrando nuevas facetas de su personalidad o si por el contrario, el joven percibe que mostrarse diferente o alejarse de la familia pone en cuestión la pertenencia a la misma. La adolescencia es también un momento en el que habitualmente se intenta recabar más datos sobre la familia biológica y recolocar, odiar, perdonar o intentar  ser de alguna manera leal a su familia de origen.

Enmarcados en esta visión vemos los fuertes condicionantes que pueden tener los niños y niñas acogidos y adoptados ya que sus primeras experiencias de apego suelen ser muy negativas. Se hacen así muy necesarias las terapias y orientaciones familiares en las familias adoptivas para que padres y educadores puedan asomarse a entender el universo del niño acogido

¿CÓMO SE FORMA EL APEGO?

Los modelos de apego en los niños se construyen gracias a una actitud básica, esta es la respuesta sensible. El reaccionar a la necesidad del niño o la niña de manera ajustada tanto en la infancia como en la adolescencia. Es esta respuesta sensible, ni inhibida ni sobreactuada lo que posibilita en última instancia la INDIVIDUACIÓN familiar y la construcción de un buen autoconcepto, una buena autoestima y el valor de la confianza básica en el resto de los humanos. Los padres o cuidadores e incluso los terapeutas tendremos que facilitar  un conjunto equilibrado de conductas tanto de  de protección como de interés, que proporcionen sostén, seguridad y fomento de su autonomía, que estimulen al niño a explorar y a aprender sin temor.

Los padres, tienen la difícil tarea de ver al niño como un ser humano con su propia individualidad y sus propias necesidades, no como una extensión de sí mismos o un objeto de logro de sus propias expectativas.  Cuando los padres pueden dar la entidad de sujeto al niño o la niña y sobre todo al adolescente, pueden  ofrecer libertad en sus elecciones, pero no la libertad descuidada de quien se desentiende de la vida de su hijo, sino una libertad acompañada de una interacción reflexiva con él o ella.

Los padres y madres tendrán que trabajar la capacidad para ofrecer empatía y una respuesta sensible y la habilidad para entablar conversaciones significativas con sus hijos en las que se practique la capacidad de reflexionar sobre temas interpersonales. En estos diálogos socráticos el adolescente aprenderá que cada persona tiene una mente propia una manera diferente de ver el mundo, lo cual le da indirectamente permiso para diferenciarse y le invita a respetar otras opiniones como se respeta la suya. Para ello los padres y educadores tendrán que manejar razonablemente bien sus propios sentimientos de vulnerabilidad y de inseguridad para no relacionarse con el menor desde el uso de algún tipo de mecanismo de defensa. Mario Marrone dice que esta capacidad reflexiva se convierte en una forma de sistema inmunológico mental.

LAS ETAPAS DEL APEGO

  1. PRIMERA FASE: formación del apego (6 semanas-6/8 meses): sensibilidad social indiferenciada: cualquier ser humano es bienvenido.
  2. SEGUNDA FASE: apego bien definido (6/8 meses-18/24 meses): etapa del culmen del apego donde la relación entre bebé y cuidador está consolidada. Es cuando se produce, de manera adaptativa la ansiedad de separación. Si la criatura se siente segura explorará su entorno y si se asusta o se hace daño, buscará a su “persona segura”.
  3. TERCERA FASE: formación de una relación recíproca (18/24 meses en adelante). En esta fase eclosionan capacidades como la representación y el lenguaje, el niño puede comprender mejor situaciones como la ausencia y presencia del cuidador y predecir su regreso. Hay una menor necesidad de mantener la proximidad con el cuidador principal y hay menos protestas ante la separación. Se va desarrollando noción de uno mismo. Si hay un abandono en esta fase, la capacidad de auto-regularse (emociones e impulsos) sin la presencia del cuidador puede quedar dañada. Así como la conciencia social, es decir cómo puede afectar mi conducta a otros, la empatía. Una base segura es necesaria a su vez para el desarrollo neurológico óptimo, para el desarrollo de los lóbulos frontales, en su defecto, podrían verse comprometidas las habilidades ejecutivas (habilidades cognitivas).

 EL APEGO EN LA ADOLESCENCIA DE NIÑOS Y NIÑAS ADOPTADAS

A veces, los modelos operativos internos adquiridos en una infancia de abandono o maltrato es inevitable que obedezcan a ideas como: no sirvo para nada, no me puedo fiar de los demás, me tengo que hacer daño porque necesito ser castigado o porque la angustia me supera, nadie que presente interés en mi permanece, todo el mundo me acaba abandonando, quien me conoce realmente me rechaza, hay algo malo en mí, por eso me abandonan…(baja autoestima, desconfianza en los demás, ideas autopunitivas, desvalorización…) con las cuales los y las adolescentes interpretan el mundo y a sí mismos. Muchas veces estas ideas no se perciben desde fuera puesto que los niños han aprendido a presentar una conducta falsamente adaptada. Son niños  que han podido no “dar problemas” a lo largo de su infancia, que han seguido muy a rajatabla las normas pero que han mantenido a todo el mundo a una marcada distancia afectiva. Esa ha sido a su manera, su traje de protección. Es en la adolescencia cuando esa contención se puede ver desbordada y cuando puede aparecer la crisis en la familia y en el niño o la niña. Cuando empieza a poner a prueba el vínculo y experimenta con: “si no cumplo las normas y todas sus expectativas, ¿me seguirán queriendo?, ¿cuánto de incondicional es su amor?” Es una prueba dura y difícil para los padres a la que les tocará responder con serenidad y empatía. Para ello, el conocer las posibles dificultades en su apego y generar una expectativa realista que permita reconocerle su sufrimiento y su defensa, sin por ello justificar sus actos negativos y celebrar todos los pequeños avances que se vayan produciendo, permitirá al adolescente ir ganándole seguridad a su patrón de apego.

Es importante que conozcamos la importancia de los primeros años de vida en la conformación de nuestro cerebro, de la importancia de la respuesta sensible, el contacto físico y un ambiente de cuidado, protección, estimulación y afecto. Desconocerlo genera sobre todo en la adolescencia una sorpresa y a veces rechazo de los padres hacia el adolescente que está incumpliendo las expectativas que se crearon en el proceso de adopción. Es muy significativo el alto grado de re-abandonos que se producen en torno a la adolescencia y el importante daño que esto puede producir en el niño o niña adoptada.

¿QUÉ PODEMOS HACER?: LOS TRAJES PARA SOBREVIVIR

Los apegos inseguros han de comprenderse como adaptaciones del niño, como un TRAJE que éste debe ponerse para hacer frente al patrón relacional distante, negligente, insensible, invasivo o incluso violento. Por eso en la terapia, como dicen Barudy y Dantagnan lo que hemos de hacer es honrar este traje porque es el que le ayudó a sobrevivir.

En ocasiones contamos en terapia este cuento que simboliza muy bien esta metáfora de los trajes

CUENTO DE LA BARCA

Érase una vez un hombre que caminaba por el bosque. Le quedaba poco para llegar y estaba contento, sin embargo el destino le hizo topar con un gran y caudaloso río, demasiado bravo como para cruzarlo a nado.
Tras mucho cavilar, el hombre decidió hacer una barca con sus propias manos.
Pasó días recogiendo madera y lianas para hacerla y cuando lo consiguió, pasar el río no fue ningún problema.
Sin embargo, al otro lado de la orilla le dio pena dejar tamaña obra suya atrás y decidió acarrearla.
Sus pasos pronto fueron más cansados y sus piernas comenzaron a temblarle a las pocas horas del cansancio. Sus pies se hundían en el fango y cada vez le faltaba más el aliento debido a la carga extra que suponía la barca.
Finalmente y con tristeza, miró la barca y decidió dejarla atrás. Sin embargo el hombre, ya había aprendido a hacer barcas y podrá volver a hacer otra cuando lo necesite.

                 Intentemos no “patologizar” los patrones de apego, puesto que han sido adaptativos en las diferentes situaciones que le ha tocado vivir al niño o la niña. Lo que sí que podemos tener en cuenta que es que los patrones de apego inseguros pueden ser factores de riesgo para el futuro. El trastorno de apego se puede dar cuando el daño al vínculo de apego sucede a edades tempranas (0-3 años) en etapas extremadamente sensibles para la formación de un vínculo de apego seguro y un adecuado neurodesarrollo y habiendo padecido de manera prolongada abandono y maltrato severos.

EL APEGO ADULTO: SEGÚN NUESTRA HISTORIA (RECORDADA)

                Y lo que es más crucial, esta seguridad no depende tanto de los hechos que hayamos vivido en la historia personal, por muy problemáticos que sean, cuanto del empeño por COMPRENDER esa historia. (Wallin, 2012)

Es decir, es una buena terapia comprender e integrar cómo nuestros procesos de apego en la infancia influyen o pretenden influir en nuestras relaciones adultas en el contexto de una relación de aceptación incondicional (como es la terapéutica) para poder explorar otros nuevos patrones de apego. Los autores lo llaman apego ganado a la seguridad, es decir, personas, que con una alta capacidad reflexiva, van transformando sus patrones de apego inseguros en mayores cotas de resiliencia. Que los padres y madres adoptivos tengan conocimiento de sus propios patrones de apego y hayan podido integrarlos de forma serena les hará más fuertes para afrontar los diferentes cambios del ciclo vital familiar.

Edurne García Corres

 BIBLIOGRAFÍA

LIBROS

  • Marrodán, J.L. (2015) Vincúlate. Relaciones reparadoras del vínculo en los niños adoptados y acogidos. Bilbao: Descleé Brouwer: http://www.casadellibro.com/libro-vinculate-relaciones-reparadoras-del-vinculo-en-los-ninos-adoptados-y-acogidos/9788433027894/2608761
  • Marrone, M. y Diamond, N. (2001) La teoría del apego: un enfoque actual. Madrid: Psimática.: http://www.casadellibro.com/libro-la-teoria-del-apego-un-enfoque-actual/9788488909077/840713

ARTÍCULOS

  • De Ziriza, I. Familias constituidas o ampliadas por adopción: http://www.avntf-evntf.com/imagenes/biblioteca/P%C3%A9rez%20de%20Ziriza,%20I.%20Trab.%203%C2%BA%20semip.%2009.pdf
  • Grau, E. y Mora, R. Vicisitudes en la vinculación entre padres e hijos en adopción internacional. Revista de Psicoterapia Vol. XVI-nº62: http://criafamilia.org/wp-content/uploads/2016/05/visicitudes-en-la-vinculaci%C3%B3n-entre-padres-e-hijos-en-adopci%C3%B3n-internac.-rev.-psicoterapia.pdf
  • Mosquera, D. y González, A. (2011) Del apego temprano al TLP Mente y Cerebro nº46 http://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/numero/46/del-apego-temprano-al-tlp-8499
  • Rosas, M., Gallardo, I., Angulo, P. Factores que influyen en el apego y la adaptación de los niños adoptados: http://www.redalyc.org/pdf/264/26409110.pdf
  • Sánchez-Quejía, I. y Oliva, A. (2003) Vínculos de apego con los padres y relaciones con los iguales durante la adolescencia. Revista de Psicología Social, 18 (1), 71-86: http://personal.us.es/oliva/vinculos.pdf

 

Mi hijo me pega, ¿qué hago? (Parte 2)

Mi hijo me pega - Vínculo Psicoterapia2¿Qué hacer? La intervención.

  • Dotar de herramientas para evitar la escalada de violencia como es la práctica del time out o el tiempo fuera.
  • Revisar las normas e intentar que los padres recuperen una cierta autoridad más realista sin caer en la sobreprotección ni en el hipercontrol.
  • Fomentar la autonomía del hijo o hija para reducir su fusión primero con la madre y luego con el padre trabajando, motivando y siendo creativos con su proyecto de vida. Según Haley, se entiende por EMANCIPACIÓN el lograr a nivel académico o laboral lo que la familia considere como éxito, que será lo que le acerca a la independencia (por ejemplo, lograr una carrera, un trabajo, un trabajo bien remunerado…) y lograr establecer relaciones íntimas fuera de la familia (sean de pareja o no). La emancipación deberá ser progresiva.
  •  Intentar sacarle de la triangulación o por lo menos hacerse consciente de ella para que sea menos manipulable. Se intenta que los padres no usen al hijo o la hija como vehículo de su comunicación, y el joven pueda hacer su propia vida. Hay dos métodos extremos que casi siempre fracasan. Uno de ellos consiste en atribuir toda la culpa a la nociva influencia de los padres y procurar que el joven abandone a su familia; lo típico es que el joven sufra un colapso y vuelva al hogar. El otro consiste en tratar de mantener al joven en el hogar y de conseguir que impere la armonía entre él y su familia; esto también falla, porque en esta época de la vida familiar lo que importa no es la conciliación sino la desligazón. El arte de la terapia radica en hacer volver al joven con su familia como una manera de desligarlo de ella para iniciar una vida independiente.

Enfocando en el APEGO Y LA VINCULACIÓN:

  • Ofrecer vinculaciones seguras, fiables y continuas con al menos un adulto significativo.
  • Facilitar la toma de conciencia y la búsqueda de un sentido a las experiencias vividas, por duras que sean.
  • Facilitar la inclusión en redes de apoyo
  • Facilitar la búsqueda de una situación socio-económica justa.
  • Promover los valores de respeto a los derechos humanos
  • Favorecer el humor y la creatividad en la búsqueda de soluciones.

 

Un punto aparte: la violencia entre hermanos.

Respecto a la VIOLENCIA EN LA FRATRÍA recordemos que los celos son el cemento del narcisismo, son el camino para DIFERENCIARSE, para construir su autoestima. La intensidad de los celos está relacionada con la tolerancia a la frustración y con la RELACIÓN CON LOS PADRES.

En la INTERVENCIÓN es muy importante fomentar la empatía entre los hermanos trabajando el cambio de roles, e ir compartiendo las diferentes narrativas de ambos hermanos para dotar de sentido y circularidad a las dinámicas familiares vividas por ambos. También se intenta trabajar la solidaridad entre ellos para salir adelante en una situación en que las funciones parentales están dañadas. La relación fraternal es la más “recuperable”, la que puede cumplir la función de ser una relación de apego seguro de referencia aunque en el momento presente está muy deteriorada.

A los TERAPEUTAS y educadores se nos invita a prestar especial cuidado a los siguientes riesgos:

  1. Falta de vínculos afectivos e implicación relacional con los niños
  2. Dificultades para sentir empatía por el sufrimiento de los niños cuando expresan sus sufrimientos de forma agresiva o disruptiva
  3. Sobreidentificación con los niños que pueden llevar a respuestas sobreprotectoras y diabolización de sus padres biológicos
  4. Dificultades en el manejo de la autoridad y ayuda para su autocontrol de emociones e impulsos. Se tiene que lograr un equilibrio entre una autoridad militarista o demasiada permisividad.
  5. Olvidarse de la capacitación de los padres y su rehabilitación

El objetivo principal de la terapia será lograr una correcta INDIVIDUACIÓN sin violencia. Parece paradójico que un hijo que muestre odio y rechazo a su madre, padre o hermano a la vez tenga un nivel alto de fusión y dependencia hacia los mismos. Barudy, Dantagnan (2005)  y las teorías del APEGO lo explican muy bien:

Al contrario de lo que se podría creer, los hijos de los padres con dificultades parentales son más dependientes de éstos, en comparación con los hijos de los padres y madres suficientemente competentes. Las diferentes situaciones de malos tratos que las incompetencias parentales crean producen fuerzas emocionales centrípetas que dificultan la diferenciación y la emancipación de los hijos, aumentando el riesgo de imitación de las conductas de los padres.

En las situaciones de malos tratos de las incompetencias parentales, los sistemas de modulación emocional y conductual que los niños necesitan se ejercen a través de diferentes formas de agresión como las amenazas, los castigos corporales y las privaciones de libertad, con el objetivo de provocar temor y miedo en los niños. O, al contrario, se les manipula psicológicamente ignorándoles, negándoles la palabra o insultándoles, estos procedimientos pueden traer resultados en lo inmediato, pero difícilmente se transforman en moduladores internos de los hijos. Por lo tanto no facilitan la autonomía ni la diferenciación, mucho menos el desarrollo de una ciudadanía responsable para el futuro.

Más información

  • Barudy, J. y Dantagnan, M. Los buenos tratos a la infancia: parentalidad, apego y resiliencia

Barcelona(2005): Editorial Gedisa

  • Cirillo, S. Niños maltratado: diagnóstico y terapia familiar. Barcelona (1991) Editorial Paidós
  • Haley, J. Trastornos de la emancipación juvenil y terapia familiar. Buenos aires (1985) Amorrortu editores
  • Linares, J.L. Una visión relacional de los trastornos de personalidad. Capítulo de: Roizblatt, A. Terapia Familiar y de Pareja. Santiago de Chile (2006) Editorial Mediterráneo.

http://www.redsistemica.com.ar/personalidad.htm

  • Micucci, J.A. El adolescente en la terapia familiar. Como romper el ciclo del conflicto y el control. Buenos aires (2014) Amorrortu editores
  • Población, P. Yo te manejo, tú me manejas. El poder en las relaciones cotidianas. Bilbao (2013) Desclée de Brouwer
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