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LAS MUJERES, LA PUBLICIDAD Y LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS

Cada año, cuando se acerca el verano o la primavera llega a esos conocidos almacenes, cuando los cuerpos comienzan a quitarse ropa y empezamos a enseñar carne, la publicidad se ocupa especialmente del cuerpo de las mujeres.

La operación bikini, los batidos detox, prepara tu cuerpo para el verano y un largo etcétera de invitaciones a desintoxicarte, pulirte, afinarte, limarte, adelgazarte, tonificarte, fortalecerte, estirarte, hidratarte, broncearte, es decir preparar tu cuerpo para la exposición, evaluación y juicio de propios y extraños.

Pero en los medios de comunicación se empeñan en recordarnos que siempre nos falta (o nos sobra) algo. Y las mujeres de todas las edades emprendemos la carrera sin meta de la perfección, las dietas, el ejercicio contra reloj, los fármacos o pseudofármacos que nos ayudan a bajar de peso, los tés, los batidos… Todo enfocado a pagar grandes cantidades de dinero para ahondar en nuestra insatisfacción y en el: nunca es suficiente. Y en verano, en los centros especializados en trastornos alimentarios se incrementan las consultas, “mi hija ha dejado de comer, mi alumna ha bajado de peso de forma muy rápida, no deja de llorar, se aísla, se siente gorda, sucia, no valiosa…” y las grandes marcas siguen con sus fotografías de mujeres-niñas enfermas, pálidas de anemia, con gesto doliente, ligeras como plumas o derramadas en el suelo sin parecer capaces de nada, ni de estudiar ni de trabajar ni de reír, ni de correr, ni de enfadarse, exigir, mandar o ilusionarse con nada, incapaces en definitiva de vivir y ser agentes de su vida.

Porque interesa mantenernos en el lugar del hermoso objeto inane, puesto en el escaparate para ser observado y enjuiciado hasta que el juicio se hace interno y no podemos acallar nuestra propia voz, entrenada desde el afuera, que nos dice que no eres perfecta, no vales nada, que así, ¿quién te va a querer?. Y ahí, desde la desesperación, pedimos ayuda para reconstruir nuestra autoestima y volver a ser personas, dueñas de nuestra vida y no esclavas de nuestro aspecto.

Y en esa lucha nos encontraréis, para profundizar en las raíces de la insatisfacción, junto con muchas otras personas y movimientos como Gansos Salvajes que intentan desvelar el engaño y proponer una imagen de las mujeres realista, valorada y empoderada.

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