Categoría: Trastornos alimentarios

Bulimia Nerviosa tratamiento grupo TCA Madrid

SOLEDAD Y VERGÜENZA EN LA BULIMIA NERVIOSA

 

 

Cuando sufres bulimia nerviosa, la soledad y la vergüenza son dos cosas que te acompañan prácticamente a diario.

La soledad me acompaño durante los 6-7 años, cuando nadie en mi entorno sabía nada de mi enfermedad, convirtiéndome en una “fiel” compañera que no hacía más que aislarme de mi familia y mis amigos, haciendo que el peso de mis pensamientos y obsesiones fuese cada vez mayor y dándoles más valor y veracidad al no contrastarlos con gente “sana”. Aquí la soledad se veía reforzada por la vergüenza, que cuando un pequeño resquicio de mi cerebro se planteaba el pedir ayuda, aquí la vergüenza se “venía arriba” y se hacía fuerte para evitarlo…el miedo a qué pensaría mi entorno, a ser juzgada…nadie lo iba a entender, era un bicho raro.

Cuando acudí a terapia, ya consciente de que yo no podía manejar esto sola, la soledad empezó a debilitarse. Al principio en las terapias individuales…al menos compartía mis obsesiones con alguien más, mi terapeuta. Al poco tiempo, la vergüenza sufrió también un buen mazazo, cuando me obligaron a contar a mi familia y amigos más cercanos lo que me pasaba. La primera vez que conté a una amiga que tenía bulimia nerviosa pensé que hasta se podía morir literalmente de vergüenza. Resultó que no. Y cada vez que se lo contaba a alguien más, me sentía menos sola, más apoyada, y la vergüenza cada vez se hacía más pequeñita.

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Tratamiento anorexia madrid

TRATAMIENTO EN LA ANOREXIA Y TERAPIA DE EMOCIONES

LAS EMOCIONES Y LA CRÍTICA EN EL TRATAMIENTO DE LA ANOREXIA, BULIMIA Y TRASTORNO POR ATRACÓN

LA TERAPIA FOCALIZADA EN LA EMOCIÓN (TFE)

Se ha observado que los comportamientos de los trastornos de la alimentación (como hacer dietas muy restrictivas, los atracones o los vómitos) ayudan a los pacientes a controlar aquellas emociones que sienten como abrumadoras e intolerables (como la ira, la tristeza y la vergüenza). La vergüenza y la autocrítica destructiva son dos características típicas de los pacientes con trastornos de la alimentación: anorexia, bulimia, trastorno por atracón…, por lo que un tratamiento de la anorexia efectivo debería tratar y aliviar estas dos emociones. Para ello, destaca un tipo de terapia, que se llama terapia focalizada en la emoción. Este tipo de terapia se centra en las emociones y en el papel que tienen en la atribución de significados y en el bienestar de las personas. Es decir, las emociones nos proporcionan información sobre el entorno en el que vivimos, nos ayudan a tomar decisiones y a organizar nuestras acciones. Sin embargo, no siempre son adaptativas. Por tanto el objetivo de la terapia focalizada en la emoción (TFE) es identificar y diferenciar las emociones adaptativas (que son beneficiosas para la persona y la permiten adaptarse a su entorno) de las desadaptativas, con el fin de modificar estas últimas.

La principal forma de trabajo de la TFE es la técnica de las dos sillas para trabajar con conflictos internos entre dos aspectos de la persona, que son la parte crítica y la parte criticada. Para ello, se usan dos sillas. El paciente primero se sienta en una y hace de su parte crítica, lanzando a la silla que tiene en frente los mensajes que suele mandarle su parte más crítica (ej: no vales nada, nunca serás lo suficientemente buena…). Después, el paciente se sienta en la otra silla y hace de la parte criticada, la que recibe la crítica. Ahí, expresa lo que le hacen sentir los mensajes que le manda la parte crítica, diciéndoselos explícitamente. También se le pide que exprese qué es lo que necesita de la parte crítica. El paciente va cambiando de sillas hasta que la parte crítica se suaviza y reconoce las necesidades de la parte criticada; es decir, hasta que el conflicto entre ambas partes se resuelve. Read more

Psicoterapia problemas alimenticios

¿Tienes problemas alimenticios? Prueba la terapia de grupo bulimia y anorexia

La terapia de grupo para los problemas alimenticios: anorexia, bulimia, trastorno por atracón junto con la terapia familar, uno de los métodos más eficaces para su recuperación.

 

Las actividades experienciales grupales en psicoterapia tienen como objetivo general hacer más explícito lo implícito, ofreciendo a los participantes un mayor autoconocimiento y conexión consigo mismos y con el resto de miembros del grupo. Dentro de los problemas alimenticios: anorexia, bulimia, ortorexia, trastorno por atracón…, las actividades vivenciales pueden proporcionar una experiencia sanadora en sí misma que profundiza en los deseos y valores de cada uno, sirviendo tanto como recurso para ahondar aspectos concretos de la enfermedad, así como herramienta para el autodescubrimiento y la autoafirmación. Estas herramientas serán imprescindibles en la fase del tratamiento en el que se busca que la persona desarrolle un proyecto vital ya que esto es el broche final previo al alta terapéutica.

Las actividades grupales son oportunidades para involucrarse activamente con otras personas con las que comparten experiencias y dificultades.

Este tipo de intervenciones suponen un reto para el terapeuta (y para los participantes) que debe prepararse para las siguientes dificultades:

  • Normalmente, las personas tienden a evitar los verdaderos conflictos de sus vidas y es responsabilidad del terapeuta dirigir el proceso para lograr el desarrollo de autoconocimiento, posibilitar conexiones emocionales, motivar la comunicación y relación en el grupo, ofrecer empatía, validación y dotar a los participantes de la esperanza necesaria para comprometerse con el trabajo del grupo.
  • Se trabaja con el nivel de intensidad emocional que ocurra en ese momento, si bien puede reducirse o amplificarse la intensidad de la emoción cuando sea necesario, el terapeuta no debe plantearse un resultado predeterminado para cada actividad, ya que cada grupo puede reaccionar de forma distinta a las mismas actividades.
  • Los miembros del grupo están en momentos distintos, esto implica que quizá no todos están igualmente comprometidos o preparados para el cambio. El terapeuta debe conocer en qué punto se encuentra cada uno con el objetivo de que saque el máximo provecho de cada actividad. El terapeuta debe facilitar que los miembros del grupo más avanzados puedan ayudar al resto en su propio proceso.
  • Las actividades deben ser equilibradas entre las que generen emociones dolorosas y otras que generen esperanza. Esto es especialmente importante debido al papel fundamental de la crítica en la enfermedad, muchos de estos pacientes han vivido sólo con lo negativo de sus vidas durante mucho tiempo.

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EL RESPETO AL PACIENTE CON ANOREXIA O BULIMIA

Respeto al paciente anorexia y bulimia
Respeto al paciente anorexia y bulimia

EL RESPETO AL PACIENTE CON ANOREXIA O BULIMIA

Ayer tuve una sesión muy dura, volví a ver a una paciente diagnosticada de ANOREXIA que no veía desde que trabajaba por cuenta ajena (año 2006) y como ya supondréis cuando alguien vuelve a terapia no suele estar en su mejor momento. Es difícil, por verla sufrir a ella y es difícil porque hace 10 años emprendí (junto con mis socias) un viaje hacia la búsqueda y la creación de un espacio terapéutico en el que tanto los pacientes como nosotras mismas nos pudiésemos relacionar desde una postura más auténtica y más respetuosa. Sí, como estábamos trabajando nos empezaba a chirriar.

En Vínculo abordamos de manera específica los Trastornos de la Conducta Alimentaria: anorexia, bulimia, trastorno por atracón… Si conocéis este tipo de patología sabréis lo realmente urgente que es el que determinados síntomas desaparezcan debido al riesgo que suponen para la vida del paciente. Esto hace que el principio del tratamiento requiera de unas pautas conductuales sobre cuerpo y comida que tanto el paciente como (sobretodo) su familia tienen que llevar a cabo apoyándose constantemente en la terapia.

Los primeros meses de la terapia son muy difíciles, el paciente pierde el derecho a elegir cualquier comida y son los demás los que elijen por él. Esto tiene por finalidad él que pueda dejar de obsesionarse por lo que come (cantidades, calorías o numero de ingestas) y centrarse en aquellas cosas que le generan el malestar que está tapando con los síntomas propios de la anorexia o la bulimia.

Cuando esta primera fase  pasa, el paciente nota mucho alivio ya que gracias a la elección de los demás y a la guía que ha llevado a cabo la terapia, su calidad de vida aumenta de manera significativa, nota que la comida no está presente el 100% del tiempo, que vuelve a retomar amistades  y se relaciona de manera mucho más positiva con su entorno.

Esto plantea una situación trampa, en este momento tanto el terapeuta como el paciente y su entorno (e insisto, en este entorno tiene especial relevancia la familia del paciente a la que los terapeutas han otorgado un poder que no tenía al comienzo de la terapia) sienten que haciendo todo como dice la terapia las cosas van a ir bien. El terapeuta adquiere un ascendente sobre la familia que le tienta a seguir tomando decisiones sobre el paciente en otros ámbitos en los que ya no tiene como función decidir, sino acompañar al paciente para que éste pueda ir descubriendo cual es su propio criterio (que tan escondido ha quedado por la enfermedad) y aunque el deseo del paciente sea que le digas lo que tiene que hacer la labor del profesional es ayudarle a desarrollar las herramientas que hagan que pueda alcanzar sus propias metas. Las propias metas del paciente, no del terapeuta, por si no ha quedado lo suficientemente claro.

El tránsito de una etapa de la terapia en la que el terapeuta marca pautas a otra etapa en la que el terapeuta acompaña no ocurre de un día para otro o de un punto de la terapia para otro, es un cambio que se encuentra en distintas fases según la esfera que se esté trabajando del paciente lo que conlleva una atención y una supervisión constante por nuestra parte. Es un trabajo transversal de la terapia.

Lo que ayer vi en la sesión fue el resultado de un tratamiento donde los terapeutas decidieron que sabían mejor que el paciente lo que éste necesitaba y que seguían empoderando a la familia del paciente cuando éste tenía un criterio diferente a la misma. Verlo tan claro me dejó bastante revuelta, es un miedo que como terapeuta me sobrevuela con frecuencia, el no ser capaz de escuchar a mi paciente y decidir, a pesar de él mismo, lo que le vienen mejor. Espero que los años de práctica, de formación y supervisión me sigan ayudando a plantearme que mi realidad no es la única, que mi modo de hacer terapia no es todo poderoso y que quien más sabe de un paciente es el paciente mismo. Quiero poder acompañar a mis pacientes desde el respeto a lo que son que es sin duda el respeto que se merecen. Y quiero respetarme a mí, a mi profesión y a mi formación como les respeto a ellos.

María Contreras Galocha

Psicóloga Sanitaria del Centro de Psicoterapia Vínculo

 

Adicción a las compras

ADICCIÓN A LAS COMPRAS

LA ADICCIÓN A LAS COMPRAS

Es muy habitual en la temporada de navidad y en rebajas que muchas personas detecten que pueden padecer adicción a las compras. En este artículo pretendemos explicar en qué consiste la adicción a las compras y cómo prevenirla y combatirla.

   LAS ADICCIONES SIN SUSTANCIA

            En el presente siglo XXI, en la sociedad occidental caracterizada por la prisa, la eficacia, la evasión, las búsqueda de emociones fuertes y paradójicamente el sentimiento de vacío existencial, ya no basta con tipificar la multitud de adicciones que podemos presentar a diferentes sustancias: alcohol, tabaco, cafeína, cocaína, cannabis, anfetaminas, éxtasis, opiáceos etc., sino que se presentan en la clínica cada vez con mayor frecuencia una serie de adicciones llamadas sociales o sin sustancia.

          En estas adicciones de nuevo cuño, que no por ello son menos preocupantes, podemos encontrar, los trastornos de la conducta alimentaria, la adicción al sexo, a la televisión, al juego, al trabajo, a internet, al móvil, a las líneas eróticas o de adivinación, a los videojuegos, a las compras… Estas nuevas adicciones se pueden presentar, a veces con entidad propia, otras veces acompañadas por adicciones químicas (por ejemplo, es muy habitual que la ludopatía se presente con alcoholismo o en comorbilidad con otras categorías clínicas como los trastornos de personalidad (especialmente los que tienen que ver con el control de impulsos), los trastornos de ansiedad y la depresión. Es importante diferenciar si la adicción sin sustancia es patología secundaria a otra enfermedad, con lo cual se espera que remita al hacerlo la primaria o si tienen que recibir una atención específica.

            Dado que las conductas que pueden ser objeto de adicción son conductas normales, que realizamos todas las personas cada día es importante establecer algunos criterios que delimiten la frontera entre una conducta normal y otra patológica. La persona que presenta una adicción social acusaría una pérdida de control sobre la conducta, fuerte dependencia psicológica, la pérdida de interés por otras actividades gratificantes y, sobre todo, que la conducta adictiva interfiera gravemente con el desempeño de la vida cotidiana de la persona o le cause deterioro en las esferas laboral, social o recreativas de su vida. (Echeburúa, 1999)

http://www.aepcp.net/arc/05.1999(2).Sandin.pdf

LA ADICCIÓN A LAS COMPRAS

           La adicción a las compras es un patrón desadaptativo de consumo en el que la persona sufre una pérdida de control sobre su conducta de compra adquiriendo objetos innecesarios o en cantidad excesiva que excede las posibilidades económicas del sujeto y que le lleva a situaciones de endeudamiento excesivo que no por ello hacen que frene su consumo exacerbado. El placer, la gratificación que crea la dependencia viene derivado del hecho de comprar, no del objeto que se adquiere, el cual casi siempre es prescindible.

            La compra adictiva suele presentar un ciclo repetido. La persona se encuentra en una situación de conflicto, con otras personas o consigo misma, que le provoca ansiedad y/o bajo estado de ánimo. Busca la evasión de esa sensación con lo que comienza a diseñar estrategias escapistas, la compra por ejemplo si esta fuera su adicción. Realiza la acción que le lleva a olvidarse del conflicto (comprar) que le proporciona una sensación de euforia y gratificación pero que remitirá pronto dando paso a la sensación de vacío (ya que el problema sigue sin resolverse), y sentimientos de soledad y de culpa por las consecuencias que derivarán de esa compra compulsiva. Para escapar de esta sensación desagradable, vuelve a repetir este patrón afianzándose así la dependencia.

            La prevalencia de esta adicción en la sociedad está entre el 1 y el 5% de la población general, en 4 mujeres por cada hombre. El problema, con entidad clínica comienza a presentarse en torno a los 30 años aunque es habitual que antes se diera un patrón de conducta evasiva. Es una adicción que se da habitualmente más en las mujeres que en los hombres ya que sobre éstas la presión social sobre la imagen es mayor y en las funciones otorgadas a su rol es más habitual la de la compra que en las asignadas al  rol masculino. Sin embargo, los objetos que tienden a comprar hombres y mujeres adictos son bastante diferentes. Las mujeres adquieren ropa, cosméticos, lencería, joyas, muebles, alimentos y regalos para otras personas, los hombres, material informático, videos y accesorios para el automóvil.

            ¿Existe un tipo de  personalidad que predisponga a la adicción? En realidad, esta sociedad ejerce una fuerte presión sobre la imagen social y presenta multitud de productos objeto de consumo con cada vez mayor accesibilidad, no en vano la denominamos sociedad de consumo. Por ello la vulnerabilidad tiene que ser cada vez menor para que se presente esta patología, sin embargo, hay algunos rasgos de personalidad que predisponen a la persona a padecer cualquier tipo de adicción. Las adicciones se presentan en personas con baja autoestima, notables dificultades de adaptación a la realidad  que se le presenta, baja tolerancia a la frustración, necesidad de gratificación inmediata, búsqueda de fuertes sensaciones, tendencia al descontrol de impulsos, tendencia a evadir conflictos y marcada incapacidad para pedir ayuda.

            Muchas de las adicciones se presentan en bidependencia, es decir, acompañadas de otras. Por ejemplo, es muy habitual que la adicción a la cocaína venga en asociación de la dependencia o abuso del alcohol, que la adicción al móvil y al trabajo vayan juntas o que se simultaneen los trastornos de la conducta alimentaria con consumo patológico de alcohol, cannabis y/o cocaína.

            La adicción a las compras, en concreto, se presenta a menudo acompañada de un Trastorno de la Conducta Alimentaria, en fase Bulimia Nerviosa habitualmente, además de un Trastorno Límite de la Personalidad de base y con presencia de cleptomanía en algunos momentos de la adicción.

            No olvidemos tampoco que una de las dependencias de mayor virulencia, que se da en muchas de las mujeres con otras adicciones mencionadas anteriormente y que está siendo estudiada con mucho interés en la actualidad, es la Dependencia Sentimentalhttps://www.vinculopsicoterapia.com/preguntas-frecuentes/ la tendencia a establecer relaciones (normalmente de pareja) simbióticas y fuertemente fusionadas que presentan el mismo craving (necesidad exacerbada de la otra persona) y síndrome de abstinencia, equiparables a cualquier otra adicción.

EL TRATAMIENTO

            ¿Qué hacer cuando se cree que alguien de nuestro entorno o nosotros mismos padece este problema? Cuando se detecta esta patología es necesario acudir a un profesional especialista en adicciones. Es muy importante que la red familiar y de amigos que sostiene al paciente colabore, si es posible, en la terapia ya que ésta es una patología que afecta a la capacidad de elección y a la libertad de la persona. Utiliza como mecanismos de defensa la negación y el autoengaño, por lo que es frecuente que estas personas mientan u oculten a su entorno el problema que les aqueja.

            Un tratamiento correcto debe tener dos dimensiones, la primera, la que atañe a la conducta de comprar que debe ser controlada y acompañada por las personas del entorno que colaboren en el tratamiento y la segunda vertiente debe hacer frente a las situaciones ansiógenas que precipitan la adicción. Conflictos interpersonales, frágil autoestima, autoconcepto centrado en el “tengo, luego existo”, falta de asertividad, etc., situaciones que se deben trabajar en terapia entrenando al paciente para su comprensión, afrontamiento y resolución.

            En algunos casos la adicción a las compras puede necesitar apoyo farmacológico de manera temporal. Los psicofármacos que se utilizan habitualmente son los antidepresivos con efecto ansiolítico (IRS…), y, en ocasiones estabilizadores de estado de ánimo.

            Es necesario además reestablecer pautas generales de higiene vital como son crear rutinas de horarios más o menos estables en los que se respeten las siete u ocho horas de sueño, la realización de ejercicio físico de manera cotidiana y la dedicación a las relaciones sociales en general pero, sobre todo, a las relaciones con un grado importante de intimidad y confianza, es decir, no sólo tener un número importante de relaciones sino que algunas de éstas sean de calidad.

            Si es posible, el tratamiento en terapia grupal, dirigido y coordinado por un profesional experto, no en forma de grupos de autoayuda ya que es muy habitual el contagio de síntomas, se ha demostrado altamente eficaz.

LA PREVENCIÓN

            Como se señalaba en la introducción, los valores que rigen la sociedad occidental de nuestra época, y el modo de vida normativo facilitan la prevalencia de este tipo de adicciones llamadas sociales, como en otras épocas, con otros valores imperantes, estaban más presentes otras patologías. En el punto anterior, se esbozaron algunas pinceladas para un tratamiento psicoterapéutico eficaz. No nos contentaremos con tratar la patología si ésta aparece sino que es interesante también proponernos prevenir su aparición.

            Son varias las medidas que se pueden tomar desde los diferentes agentes educativos que inciden sobre nuestra infancia y juventud: la familia, la escuela, los medios de comunicación… y desde todos ellos se pueden realizar políticas que reduzcan el impacto del bombardeo de la publicidad que pretende, en la búsqueda de sus máximos beneficios, convertirnos en sujetos, que se definen como tal a través de su consumo.

            Algunas de las costumbres que se podrían introducir o empezar a cambiar son, por ejemplo, no asociar ocio con consumir, acto muy habitual ya que uno de los lugares de ocio más recurrente son los centros comerciales y grandes superficies. Se debe empezar a romper el binomio éxito=adquisición de mayor número de objetos, y, en la misma línea intentar que la manera de premiar a nuestros hijos o educandos no sea siempre a través de lo material sino que se puedan utilizar otros reforzadores como el reconocimiento social o la realización de actividades gratificantes por las que no sea necesario pagar. Es también imperante en nuestra sociedad educar en la posposición de gratificaciones y en la tolerancia a la frustración, es decir, que los niños no consigan lo que quieren de manera inmediata y sin ningún esfuerzo. Son cada vez más comunes las patologías asociadas a descontrol de impulsos puesto que los menores de nuestra civilización no están acostumbrados a oír un no por respuesta o a obtener un beneficio a medio-largo plazo por el que haya que ejercer un esfuerzo continuado, a veces sin gratificación inmediata y prepara a nuestros jóvenes, para afrontar las demandas del rol adulto el entrenarse en motivarse con objetivos a largo plazo.

             Cuando haya que comprar, ya que es una actividad cotidiana en nuestras vidas, es conveniente no ir con un estado de ánimo triste o ansioso, acostumbrarse a realizar una “lista de la compra” antes de salir de casa, establecer la costumbre de crear presupuestos en los que cada persona, independientemente de su poder adquisitivo, distribuya racionalmente los gastos que presupone que tendrá en el mes o meses posteriores y que sea capaz de ahorrar para poder hacer frente a gastos mayores o inesperados.

            Además de lo anterior hay que tener en cuenta que la detección precoz de cualquier patología augura mejores resultados en su tratamiento.

Edurne García Corres

Psicóloga

LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS

LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS

Los trastornos alimentarios son el grupo de enfermedades que más muertes provoca en el campo de la psiquiatría o de la psicología. La tasa de letalidad en estas patologías por desnutrición, complicaciones cardíacas o suicidios ronda el  5% según algunos estudios.

Y sin embargo, es una de las enfermedades que permite una recuperación más completa. Es un reto para psicólogos y psiquiatras ya que no consiste sólo en diagnosticar la enfermedad e implicarse en su curación sino también en acompañar a las personas que la padecen en una búsqueda de sentido de la vida y de diseño de un proyecto vital propio  muy gratificante.

Llamamos trastornos de la conducta alimentaria al grupo de enfermedades caracterizadas por la obsesión con la comida y el cuerpo en todas sus dimensiones. Según cómo se exprese esta obsesión presentará unos síntomas u otros.  En función de esos síntomas se etiqueta la enfermedad, sin embargo es muy habitual que no aparezcan de forma pura sino que a lo largo del tiempo se pueda transitar de una a otra presentando un diagnóstico mixto o un TCA no especificado. Los TCA recorren un continium desde el máximo control de la ingesta y del peso (propio de la Anorexia Nerviosa Restrictiva) al descontrol más absoluto como es el Trastorno por atracón o la Bulimia nerviosa purgativa.

Clasificaremos aquí los diagnósticos más comunes y algunos de nuevo cuño, inventados a menudo no por la comunidad científica sino por los medios de comunicación.

  • Anorexia Nerviosa: caracterizada por el temor intenso a engordar, la restricción de un gran número de alimentos y la obsesión y distorsión de la imagen corporal. Se presentan 2  subtipos:
    • Restrictiva: en la que se controla el peso por la infra-alimentación y en ocasiones la hiperactividad.
    • Purgativa: en la que además se puede inducir el vómito y usar laxantes y diuréticos
  • Bulimia Nerviosa: en la BN la persona, en su intento de control obsesivo de la ingesta, pierde a menudo la “fuerza de voluntad” y se da atracones. Entendemos por atracones, o bien una ingesta desmesurada de alimentos en muy poco tiempo (casi siempre dulces y carbohidratos) o una no muy grande cantidad de alimento pero sí acompañada de una fuerte sensación de pérdida de control y un marcado sentimiento de culpa que genera un altísimo nivel de ansiedad. Se pueden presentar también 2 subtipos:
    • Purgativa: en la que al atracón le sigue de una manera compulsiva el vómito o el uso de laxantes y diuréticos.
    • No purgativa: en la que la persona intenta compensar de otras maneras ese atracón, o bien volviendo a una dieta restrictiva o bien realizando un incremento de la actividad física.
  • Vigorexia: es más común en varones y consiste en lograr un cuerpo muy musculado y en ocasiones, voluminoso. Se produce una fuerte obsesión por el físico, por la realización de deporte y la ingesta de determinados alimentos y complementos alimenticios (a menudo muy perjudiciales para la salud) para diseñar el cuerpo musculado con el que se obsesionan.
  • Ortorexia: obsesión por la comida sana. Estas personas sólo pueden comprar alimentos “saludables” o ecológicos. No pueden comer en restaurantes que no tengan garantizadas las estrictas normas que se autoimponen y no pueden comprar sus alimentos en los lugares habituales del resto de la población. Afecta fuertemente a su adaptación y a sus relaciones sociales.

Dentro de las enfermedades que llamamos  “de nuevo cuño” nos hemos encontrado con las siguientes:

  • Alcohorexia: consumir alcohol para evitar la ingesta y para superar la ansiedad que produce la infra-alimentación (se puede considerar un síntoma dentro de la Anorexia Nerviosa)
  • Pregorexia: obsesión de las mujeres embarazadas por recuperar su figura después del parto (habría que sopesar la posibilidad de que la mujer ya tuviera una alta obsesión por el cuerpo antes de quedarse embarazada)
  • Tanorexia: obsesión por mantenerse bronceado o bronceada incluso poniendo el riesgo su salud. Aparece a menudo como síntoma dentro tanto de la anorexia como de la bulimia.

En el recientemente editado DSM-V encontramos  los siguientes cambios:

  • Reconocimiento del trastorno por atracón (deja de ser un TCANE).
  • Revisión de los criterios diagnósticos de la anorexia nerviosa y bulimia nerviosa (pasan a ser menos restrictivos).
  • La inclusión de la pica, rumiación y el trastorno de la ingestaevitativo/restrictivo. El DSM IV incluía estos tres últimos entre los trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia, capítulo que no existe en el DSM V.

Más allá de los síntomas visibles, físicos y comportamentales los TCA esconden una honda raíz en la personalidad de quien los sufre que es el verdadero reto para los clínicos. Además de ayudar a frenar los síntomas físicos, en lo que tendremos que trabajar duramente es en factores predeterminante o mantenedores como son:

  • La baja autoestima: a pesar del número de éxitos que puedan tener en sus vidas son personas que se sienten incapaces y un fraude para los demás
  • El perfeccionismo: nada es suficientemente bueno, nada les satisface, nada les permite recibir un halago
  • La impulsividad: sobre todo en la bulimia, hay muy poco espacio de tiempo entre pensar algo y hacerlo, su elevado nivel de ansiedad no les deja tiempo para la reflexión a la hora de comunicarse, de plantearse una relación sexual o de tomar cualquier tipo de decisión.
  • La inseguridad: por ese marcado nivel de autoexigencia, nunca se sienten seguras en sus decisiones y se ven muy vulnerables a la manipulación
  • Exceso de control: necesitan tener todo y a todos bajo control, sino se les dispara la ansiedad
  • Irritabilidad: a veces por la falta de alimento, a veces por ver incumplidos sus altísimos “deberías” se pueden enfadar y estallan con mucha facilidad, especialmente con quienes más quieren
  • La dependencia afectiva: es muy habitual que los TCA se presenten con otras adicciones como la adicción al alcohol, a la nicotina, a la cocaína o a las compras, pero casi en el 100% de los casos se presentará con una fuerte dependencia afectiva de una pareja o de un miembro de la familia, frecuentemente de la madre.

El TRATAMIENTO DE LOS TCA CONSTA DE 3 FASES:

  1. Primera fase: SUPERVIVENCIA.

El primer paso es garantizar la supervivencia de la paciente. Esto significa que habrá que sopesar si requiere de un ingreso hospitalario  (si su IMC es inferior a 18,5 o si su nivel de vómitos es alto). En caso de que se le pueda tratar de manera ambulatoria habrá que tratar de implicar a su entorno más cercano para que le ayuden en la gestión de sus alimentos. Durante un tiempo tendrán que supervisar su alimentación, su nivel de actividad física y sus accesos al baño. Quizá necesite la ayuda de psicofármacos aunque cuando comienza a tener una ingesta normal los síntomas de ansiedad y depresión se van reduciendo.

En esta se implementan técnicas predominantemente cognitivo-conductuales.

  1. Segunda fase: LA RELACIONAL

En esta segunda fase se revisan las relaciones familiares y sociales. Es frecuente, que por el propio efecto de la enfermedad o previo a ella las familias de estas personas tiendan a sobreprotegerlas y a sentirse sobreimplicados en sus vidas. Una vez que ven que la paciente ha aprendido a cuidarse y a no pagar con la comida sus conflictos, se sienten con fuerzas de ir dejándolas tomar sus propias decisiones. Aprenderán también a resolver conflictos (procurando no herir a los demás cuando reivindiquen sus derechos) y a comunicarse sin someterse a nadie.

En esta fase es de gran ayuda el grupo de terapia. Se requerirá una orientación más sistémica del clínico.

  1. Tercera Fase: el proyecto vital

En la tercera y última fase se debe ayudar a la paciente a generar un proyecto vital genuino, respetando sus propios deseos y sin sentirse cumpliendo expectativas de nadie. Es una época de autoafirmación y de ir reduciendo su implicación tanto con el terapeuta como con el grupo de terapia. Es conveniente que el clínico tenga aquí una visión más humanista de su intervención.

Respecto a los terapeutas, como decíamos es conveniente saber que se necesita trabajar una serie de actitudes importantes a la hora de intervenir con personas que sufren un TCA. Para empezar, especialmente para las mujeres terapeutas es conveniente hacernos conscientes de la presión que sufrimos todas respecto a la figura y a la imagen. No es patrimonio exclusivo de las pacientes, el índice de obsesión por el aspecto físico en nuestra sociedad es realmente elevado. No conviene olvidarlo y sí luchar contra ello también en nuestra vida cotidiana.

Actitudes y aptitudes necesarias para un terapeuta

  • Establecer alianza con el paciente.
  • Mantener empatía constante.
  • Explorar con cuidado los síntomas evitando el que se sientan juzgados y evitando también

la inducción de síntoma.

  • Limitar las batallas por el control. Hay temas incuestionables como el peso que

es preferible no tratar en las sesiones iniciales puesto que no ayuda en la alianza terapéutica. Discutir, convencer no servirá de nada y hará que el paciente desconfíe y piense que el objetivo de la terapia es que aumente de peso.

  • Mostrar una actitud de compromiso, colaboración y apertura con el paciente.
  • Ganar confianza conociendo al detalle su historia personal.
  • Trabajar la implicación familiar.
  • Manejar la frustración como terapeuta y tener paciencia con el tratamiento sabiendo que son tratamientos largos de años de duración.
  • Solicitar supervisión de un terapeuta experto .Edurne García Corres. Psicóloga del Centro de Psicoterapia Vínculo

    Trastornos alimentarios. Anorexia y bulimia.
    Trastornos alimentarios. Anorexia y bulimia.

LAS MUJERES, LA PUBLICIDAD Y LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS

Cada año, cuando se acerca el verano o la primavera llega a esos conocidos almacenes, cuando los cuerpos comienzan a quitarse ropa y empezamos a enseñar carne, la publicidad se ocupa especialmente del cuerpo de las mujeres.

La operación bikini, los batidos detox, prepara tu cuerpo para el verano y un largo etcétera de invitaciones a desintoxicarte, pulirte, afinarte, limarte, adelgazarte, tonificarte, fortalecerte, estirarte, hidratarte, broncearte, es decir preparar tu cuerpo para la exposición, evaluación y juicio de propios y extraños.

Pero en los medios de comunicación se empeñan en recordarnos que siempre nos falta (o nos sobra) algo. Y las mujeres de todas las edades emprendemos la carrera sin meta de la perfección, las dietas, el ejercicio contra reloj, los fármacos o pseudofármacos que nos ayudan a bajar de peso, los tés, los batidos… Todo enfocado a pagar grandes cantidades de dinero para ahondar en nuestra insatisfacción y en el: nunca es suficiente. Y en verano, en los centros especializados en trastornos alimentarios se incrementan las consultas, “mi hija ha dejado de comer, mi alumna ha bajado de peso de forma muy rápida, no deja de llorar, se aísla, se siente gorda, sucia, no valiosa…” y las grandes marcas siguen con sus fotografías de mujeres-niñas enfermas, pálidas de anemia, con gesto doliente, ligeras como plumas o derramadas en el suelo sin parecer capaces de nada, ni de estudiar ni de trabajar ni de reír, ni de correr, ni de enfadarse, exigir, mandar o ilusionarse con nada, incapaces en definitiva de vivir y ser agentes de su vida.

Porque interesa mantenernos en el lugar del hermoso objeto inane, puesto en el escaparate para ser observado y enjuiciado hasta que el juicio se hace interno y no podemos acallar nuestra propia voz, entrenada desde el afuera, que nos dice que no eres perfecta, no vales nada, que así, ¿quién te va a querer?. Y ahí, desde la desesperación, pedimos ayuda para reconstruir nuestra autoestima y volver a ser personas, dueñas de nuestra vida y no esclavas de nuestro aspecto.

Y en esa lucha nos encontraréis, para profundizar en las raíces de la insatisfacción, junto con muchas otras personas y movimientos como Gansos Salvajes que intentan desvelar el engaño y proponer una imagen de las mujeres realista, valorada y empoderada.

Autoestima

¿Cómo te tratas a ti mismo/a?

Se entiende por autoestima a la evaluación que hacemos de nosotros/as mismos/as. La cultura occidental promueve una autoestima …

Adicción al amor

¿Existe la adicción al amor?

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 1994) definió las adicciones como una enfermedad física y psicoemocional que …