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Adolescentes y Juegos de azar

Como es lógico, en nuestro país está prohibida la publicidad de drogas ilegales, pero también está prohibida la publicidad de marcas tabaqueras (a pesar de ser el tabaco una droga legal). Sin embargo, ¿cada cuánto aparece entre los anuncios, uno de alcohol? El alcohol es una droga legal de uso muy elevado en España, siendo el causante de muchas enfermedades, trastornos psicológicos e incluso muertes. Seguro que a todos nos escandaliza que dicho producto tenga cabida en la televisión y redes sociales, a la que acceden nuestros hijos a diario. Pero… ¿pensamos lo mismo de los anuncios de apuestas?

Los juegos de azar son juegos en los cuales la posibilidad de ganar o perder está condicionada de forma decisiva por el azar, de modo que no dependen exclusivamente de la habilidad del jugador. Entre algunos de ellos se encuentran: la lotería, las tragaperras, el bingo y las apuestas deportivas.

El juego de apuestas es una actividad no permitida a los menores de edad, pero una importante proporción declara haber jugado. Según la encuesta ESPAD (2016) que incluye jóvenes de 15 años, el 16% de los adolescentes españoles declara haber jugado en los últimos 12 meses (dos puntos por encima la media europea), y el 7% declara haberlo hecho con frecuencia (Caselles, Cabrera y Lloret, 2018). Así, resulta importante señalar que la mayor oferta de apuestas online a través de dispositivos móviles u ordenadores se ha relacionado con un aumento de la frecuencia de juego y predisposición al juego problemático (Caselles et al., 2018). Quizás porque para la generación actual de adolescentes los medios de comunicación forman parte de su contexto social, y en él surgen nuevas relaciones e interacciones comunicativas (Fernández Cavia, 2009, citado en García, Buil y Solé, 2016), donde aprenden y se desarrollan.

El inicio y mantenimiento del juego de apuestas ha sido relacionado con diferentes variables psicológicas como la impulsividad, la búsqueda de sensaciones, la dificultad para gestionar las propias emociones o baja inteligencia emocional, o los sesgos cognitivos en el manejo de las probabilidades (Caselles et al., 2018). Desde la perspectiva psicosocial, existen estudios que relacionan la frecuencia de juego de los adolescentes con una mayor conducta parental de apuesta y actitud favorable hacia el juego (Dixon et al., 2016, citado de Caselles et al., 2018), con una defectuosa supervisión parental (Molinaro et al., 2014, citado en Caselles et al., 2018), y la percepción de una actitud o conducta a favor del juego por parte de los grupos de iguales (Lang et al., 2004, citado en Caselles et al., 2018).

Un aspecto importante es la búsqueda de sensaciones (variable muy presente y característica de los adolescentes). Respecto a esto, Vacchiano y Mejía (2017) señalan que los juegos de ahora se manifiestan como una actividad rutinaria, que facilita al jugador sensaciones fuertes e intensas a través la “toma de riesgos”. Añaden que, en este sentido, las experiencias de juego se caracterizan por un deseo de evasión del trabajo, de la familia y, en general, de la cotidianidad de la vida.

Este estilo evitativo nos pone en alerta sobre la manera en que los adultos gestionan sus problemas cotidianos o sus emociones. Además, este estilo de afrontamiento es aprendido por los jóvenes, que, adicionalmente, se ven inversos en un mundo tecnológico donde tienen a su disposición acceso libre a plataformas de apuestas y juego online. De hecho, las redes sociales se han convertido en uno de los cauces de acceso a los juegos de azar más populares entre los adolescentes (King et al., 2014, citado en García et al., 2016).

Los juegos de azar, para muchos adolescentes, son otro componente en un sistema de conductas de riesgo, donde se incluye el tabaquismo, el alcohol y otras drogas (García et al., 2016). Se ha observado que jugadores patológicos adolescentes padecen con más frecuencia trastornos como la depresión y la ansiedad (García et al., 2016). Además, los adolescentes que tienen problemas con los juegos de azar son, también, más propensos a un comportamiento delictivo y tienen más dificultades en la escuela en comparación con los adolescentes no jugadores.

En conclusión, los juegos de azar tienen riesgos significativos, sobre todo en población adolescente, y son una puerta de acceso para otras conductas de riesgo como el consumo de sustancias. Es importante estar atentos a signos de malestar emocional para poder ofrecerles la ayuda pertinente (y que no tengan que recurrir a actividades como los juegos de azar).

Karen Acuña Padrón

psicóloga en prácticas de Master

 

 

 

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Imagen de Mizianitka en Pixabay

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