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Imagen de Hieu Van en Pixabay

LA TRAMPA DE LA AUTOEXIGENCIA

Vivimos en una sociedad en la que los mandatos sociales de la apariencia y el rendimiento cobran cada vez más relevancia. Frases como “deberías haber hecho”, “tendrías que”, o “tú sólo/a puedes”, hacen que la autoexigencia vaya ocupando cada vez más lugar en nuestro día a día. Obligándonos a mantener unos estándares que, en la mayoría de los casos, no encajan con nuestra realidad.

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EL perdón

El perdón. Un símbolo de crecimiento personal

El perdón es una virtud que podemos ofrecer tanto a los demás como a nosotros/as mismos/as. De hecho, para poder darlo a los demás, primero tenemos que ser capaces de usarlo con nosotros/as. Es un producto derivado del amor: si no somos capaces de amarnos y reconocer en nosotros/as la majestuosidad de la naturaleza humana, no seremos capaces de considerar a los demás como buenos/as. Read more

Anticonceptivos

¿Desde dónde elegimos la anticoncepción hormonal?

En el post de hoy vamos a dedicar unas palabras a reflexionar sobre los métodos anticonceptivos hormonales que son consumidos por más de 100 millones de mujeres en el mundo y alrededor de un 20% de las españolas. Read more

doble mensaje vinculante

EL MENSAJE DOBLE VINCULANTE

La comunicación doble vinculante es un tipo de comunicación en la que se manda un mensaje positivo de forma explícita, pero uno negativo de manera implícita, de tal forma que lo verbal y no verbal no encajan. Por ejemplo, una persona puede decirle “me gustas” a otra de manera verbal, pero mediante lenguaje no verbal le puede estar demostrando lo contrario. Read more

Ortorexia

Cuando vivir se convierte en un menú: la ortorexia.

Los nuevos estilos de vida ocasionan que, desde edades muy tempranas, los niños y las niñas tengan claras referencias de cómo debe ser su cuerpo para que sea aceptado por la sociedad en la que se desarrollan. Read more

TCA Y FAMILIA: COMPRENSIÓN DESDE LA MIRADA SISTÉMICA

Como hemos comentado otras veces, los trastornos de la conducta alimentaria son patologías con un origen multifactorial, en los que juega un papel muy importante la familia. En muchas ocasiones, el TCA puede surgir en el seno de una familia con un funcionamiento disfuncional. Es por esto por lo que la intervención familiar sistémica ha resultado ser muy útil para el tratamiento de dichos trastornos. La perspectiva sistémica es una forma de entender y actuar sobre el problema. No se centra sólo en la persona que “porta” el síntoma, sino que entiende el problema dentro del contexto en el que surge, ya que parte de la base de que el ser humano es un ser social y que por tanto influye y se ve influido por lo que le rodea. Se ha observado en diversos estudios que las familias en las que uno/a de los miembros tiene un TCA presentan una serie de características concretas, las cuales exponemos a continuación.

Una variable característica de estas familias es la rigidez. Dicha rigidez puede traducirse en un control excesivo por parte de los padres/madres en torno a los hábitos con la comida, que es transmitido a los/as hijos/as, quienes incorporarán para sí mismos esta forma de relación insana con la alimentación. Un ejemplo de ello sería la presencia de una alimentación estricta y considerada saludable en los días de entresemana y los fines de semana permitirse comer los alimentos considerados prohibidos para la familia. Pero dicha rigidez no es sólo con respecto a la comida, sino que también se puede observar en los patrones de relación. Se caracteriza por una escasa flexibilidad y dificultad para adaptarse a los cambios, la presencia de normas estrictas y cuyo incumplimiento genera malestar…

Por otro lado, la perspectiva sistémica entiende que la sintomatología que presenta alguno/a de los/as integrantes de la familia es una forma de manifestar la presencia de disfuncionalidad entre sus miembros y no es producto de variables personales. En otras palabras, el síntoma o patología que presenta alguno/a de sus integrantes surge como una necesidad de señalar y comunicar que está existiendo un problema en la familia (además de alguna dificultad a nivel individual).

¿Qué relación existe entonces entre una disfuncionalidad producida en el seno de la familia y la manifestación de un TCA en uno/a de sus miembros? El TCA funciona como un elemento cuya función es principalmente de soporte, aportándole a la persona un recurso para sobrevivir ante tanto malestar, a través del control sobre la alimentación. Siente que controlando la comida controla parte de su vida y cómo se siente, se trata de una estrategia de regulación emocional.

Concretamente, se ha observado que en las familias donde el nivel de conflictividad es muy alto, desde la perspectiva sistémica se entiende que puede haber una baja diferenciación de cada uno de sus miembros. Esto quiere decir que, de forma metafórica, en la familia hay unas normas implícitas donde se establece que todos y todas participan en una danza donde deben moverse al mismo compás y permanecer constantemente conectados entre sí a nivel emocional, aunque dicha conexión se establezca desde la hostilidad y el conflicto. Los altos niveles de conflicto les hace permanecer unidos/as. El TCA en estos casos puede funcionar como un intento por parte de la persona de diferenciarse emocionalmente con respecto del resto de miembros de la familia, para así, obtener una mayor sensación de autonomía y, por ende, de estabilidad personal.

Otra posibilidad es que en la familia ocurra lo contrario, estableciéndose poco contacto entre los miembros, donde cada uno baila su propia danza. Esto genera una reducida expresión emocional entre los familiares, aumentando así la probabilidad de que alguno/a de ellos/as desarrolle un TCA como forma de focalizar y desviar la emoción que no puede manifestar en el hogar o de expresar el malestar que le genera la escasa conexión emocional.

Es importante entender esto como hipótesis y formas de entender la funcionalidad de la patología; es decir, la persona no desarrolla un TCA de manera voluntaria y consciente para señalar todo esto, sino que opera a nivel inconsciente.

Es por esto por lo que la intervención familiar sistémica se convierte en el marco fundamental para tratar y comprender los TCA, ya que ofrece una visión muy amplia acerca de la etiología y las variables que mantienen la sintomatología de estas patologías. Desvía el foco del problema de la persona hacia el conjunto del sistema, eliminando así las concepciones erróneas y los prejuicios que generalmente se asocian a las personas que padecen un TCA. Este tipo de trastornos generan un alto nivel de malestar no sólo en la persona que lo padece, sino también en el entorno que la rodea.

Desde Vínculo trabajamos desde el enfoque sistémico, por lo que, si tú y/o tu familia necesitáis ayuda para abordar un TCA o cualquier otra problemática, no dudes en contactar con nosotras.

REFERENCIAS

Bowen, M. (1991) De la familia al individuo: La diferenciación del sí mismo en el sistema familiar. Madrid: Ediciones Paidós.

Lebrero, A., y Moreno, A. (2015). Terapia Intergeneracional. En A. Moreno. (Ed.), Manual de Terapia Sistémica. Principios y herramientas de intervención (pp. 298-335). Bilbao, España: Desclée de Brouwer.

 

Sara Álvarez Hierro

De la alianza terapéutica individual a la danza terapéutica familiar

A pesar de que existen muchas teorías y enfoques psicológicos desde los que trabajar, se ha descubierto que todos ellos comparten una serie de características, a las cuales se denomina factores comunes. Una de dichas características, que es indispensable en cualquier enfoque terapéutico, es la alianza terapéutica.

 

Parece interesante contemplar que a pesar del gran pluralismo y creatividad que existe en las diferentes técnicas de intervención, es indiscutible el peso que se le da a la relación terapéutica y a los diferentes matices con los que se contempla.

Carl Rogers (1980a) fue el primero en defender que la psicoterapia era efectiva no tanto por el empleo de determinadas técnicas, sino por el tipo de relación que se establecía con el/la paciente. Ser empático/a, congruente, cálido/a y aceptar positiva e incondicionalmente al paciente serían las características fundamentales que debería tener el/la terapeuta.

 

Según Bordin (1994), la alianza terapéutica es un constructo que se hace operativo por medio de tres componentes: acuerdo entre paciente y terapeuta respecto a los objetivos de la terapia, acuerdo acerca de las tareas propias de la terapia que se esté llevando a cabo, y establecimiento de un vínculo entre paciente y terapeuta que «probablemente se siente y expresa por medio del aprecio, la confianza y el respeto mutuo, y por la percepción de que existe un compromiso común y una recíproca comprensión de las actividades psicoterapéuticas».

 

En este sentido, se puede contemplar la alianza terapéutica como el punto de encuentro entre dos planetas distintos, pertenecientes al mismo universo, con muchos puntos en común, donde no importa quién ni por qué, donde la prevalencia se le concede a la aceptación y no al juicio, en el que el/la terapeuta acompaña al paciente en su viaje exploratorio sirviéndole de bastón en el que apoyarse, ayudándole de este modo en la identificación de los diferentes recursos que tiene a su alcance.

 

Es por esto, que el primer objetivo en toda terapia, y en especial con pacientes con patología vincular, es crear un espacio seguro; pero la seguridad no es una variable que preexista al encuentro terapéutico, sino que es una variable que tenemos que co-construir. Tiene que ser una característica emergente del encuentro, y para que se vaya construyendo a lo largo de todo el proceso, necesariamente la relación pasará por impasses (entendida como una situación con difícil solución), tensiones o rupturas.

 

De este modo, podemos considerar que hacer terapia es una danza, en el que el/la terapeuta se compromete a “aprender” los pasos necesarios para acompañar en el baile vincular paciente-terapeuta, tomando compromiso en la constante revisión de sus límites, barreras y dificultades para lograr de este modo estar afinado/a como “instrumento” que es como terapeuta en la relación, con su personalidad, dificultades, historia personal, forma de ser y hacer específica, en pro de ofrecer al paciente un espejo cristalino libre de  expectativas; en definitiva, un contacto de persona a persona,  en el que como indica Jose María Gondra (1978), señalando palabras de C.Rogers: “Es un interés tal por la persona, que se evita todo deseo de interferir en su desarrollo y de utilizarlo en vistas a metas propias”.

 

Es por esto que se puede afirmar que para que la alianza terapéutica sea buena, tanto el/la terapeuta como el/la paciente deben aunar su experiencia y conocimientos, siendo capaces de adoptar distintos puntos de vista, entenderlos y aceptarlos, estando abiertos al cambio.

 

En paralelo a la co-construcción de dicha alianza paciente-terapeuta, parece interesante contemplar que dicha relación terapéutica con una pareja o familia parte de una complejidad que la hace diferente de la alianza terapéutica individual. Dicha complejidad radica en que el trabajo pasa de ser con una persona a serlo con un sistema o conjunto de personas, cada una de ellas con sus características individuales. El trabajo del terapeuta en terapia familiar, para crear un sistema terapéutico caracterizado por las alianzas, debe sustentarse en aspectos tanto técnicos como teóricos (Carpenter, Escudero, y Rivett, 2008). Desde el plano teórico hay una orientación básica: el terapeuta ha de prestar atención simultánea a las necesidades del sistema en su conjunto y de sus miembros a nivel individual, entrelazándolas de una forma que tenga sentido para todos los miembros del sistema mediante el “re-encuadre” del problema. Dicho re-encuadre suele incluir señalar las buenas intenciones de todos/as (Pittman, 1987), así como enfatizar los valores comunes y las fortalezas del sistema en su totalidad. Esto es fundamental, ya que la creación de una buena alianza con el sistema familiar y entre los miembros de la familia exige muchas veces transformar las metas individuales en metas de grupo, de forma que la terapia sea experimentada por cada miembro de la familia/pareja como “nuestra terapia”, en el que ninguna de las partes del sistema se sienta amenazada o en peligro.

 

Es por todo esto que, en Vínculo, cuidamos y trabajamos en la creación de una buena alianza terapéutica tanto a nivel individual como en terapia familiar, en el que trabajando de forma conjunta se avance en el camino al bienestar individual y con él, en el familiar.

 

 

Bibliografía:

Rogers, C. (1980a). Condiciones necesarias y suficientes del cambio terapéutico de personalidad. En En J. Lafarga, & J. Gómez (Eds.), Desarrollo del potencial humano: aportaciones de una psicología humanista, Vol. 1. México D.F.: Trillas.

Bordin, E.S. (1994). Theory and research on the therapeutic working alliance: New directions. En A.O. Horvath y L.S. Greenberg (eds.), The working alliance: Theory, research and practice. New York: Wiley and sons.

Gondra, J.M. (1978). ( Apuntes sobre la psicoterapia de G. Egan: un modelo integrador postrogeriano. Barcelona: Instituto Erich Fromm de Psicología Humanista.

Capenter, J., Escudero, V. y Rivett, M. (2008). Training family therapy students in conceptual and observation skills relating to the therapeutic alliance: an evaluation. Journal of Family Therapy.

Pittman, F. (1987). Turning points: Treating families in transition and crisis. Nueva York: Norton.

Marta Narro

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS, ¿ADICCIÓN O REALIDAD?

 

Es evidente que en los últimos años el uso de internet y las nuevas tecnologías ha supuesto un avance trascendental en la forma de vida, facilitando y simplificando tareas y acercando la comunicación y la información casi a cualquier rincón del mundo.

 

Cada vez más compramos, trabajamos y nos relacionamos con otras personas a través de internet y las nuevas tecnologías, pero esta posibilidad que nos ofrecen de estar en comunicación permanente y de contar con todo tipo de información a tiempo real se convierte en ocasiones en un arma de doble filo cuando no se gestiona de forma adecuada, llegando en algunos casos a tener graves consecuencias psicológicas, físicas y sociales. Es lo que se conoce como la “ciberadicción”.

 

Ya en 1996, la doctora Kimberly Young se refería a la adicción a internet como “un deterioro en el control de su uso que se manifiesta como un conjunto de síntomas cognitivos, conductuales y fisiológicos. Es decir, la persona ‘netdependiente’ realiza un uso excesivo de Internet, lo que le genera una distorsión de sus objetivos personales, familiares o profesionales”.

 

Desde entonces, se han realizado numerosos estudios sobre las consecuencias que tienen las tecnologías tanto en adultos/as como en niños/as, y sobre los cambios que éstas provocan. Todo ello, al tiempo que su uso continúa creciendo y cada vez nos hacemos más y más dependientes de ellas.

 

Pero, ¿por qué enganchan las nuevas tecnologías?

 

Lo cierto es que el uso diario y en ocasiones excesivo de las tecnologías es cada vez un comportamiento más habitual y generalizado de nuestros días. Disponemos de ellas de forma casi permanente y su acceso es global, lo cual pone de manifiesto el poder que pueden llegar a tener sobre nosotros/as.

 

La facilidad de acceso, la rapidez e inmediatez en la conexión, la posibilidad de acceder a cualquier tipo de contenidos y estímulos las 24 horas del día, la facilitación de las redes sociales, la recompensa y respuesta en un corto periodo de tiempo, el contacto y la conexión permanente con los demás, la desconexión de la realidad y en algunos casos hasta el anonimato o la posibilidad de crear personalidades ficticias, las convierten en una realidad que no debemos dejar de lado y que requiere de estudio, información y control.

 

Internet se ha introducido en nuestras vidas, y la previsión es que su presencia sea cada vez mayor. Por eso, es necesario que nos anticipemos y aprendamos lo máximo posible sobre cómo su uso puede impactar en las personas, no sólo desde el punto de vista psicológico, sino incluso a nivel físico y social.

 

Las posibilidades que nos ofrecen las tecnologías son infinitas, pero también tenemos que ser conscientes de los riesgos que conllevan y que actúan como reforzadores en su mal uso:

 

  • Acceso a todo tipo de información, incluso a aquella poco fiable, inapropiada, o peligrosa.
  • Dispersión y pérdida de tiempo, restándolo de las relaciones sociales.
  • Apoyo social ficticio que se ve reforzado por la desinhibición que se muestra en la red – pérdida de intimidad.
  • Creación de una personalidad ficticia que modifique las propias características que en el mundo real son inamovibles. La posibilidad de “reinventarse a sí mismo”.

 

 

Entonces, ¿cómo nos damos cuenta de que “nos estamos pasando”? ¿A qué signos debemos prestar atención?

 

Al haber normalizado su uso, es importante conocer los síntomas a los que tenemos que prestar atención. Algunos de los indicadores que nos deben hacer saltar las alarmas son los siguientes:

 

  • Las nuevas tecnologías se convierten para la persona en el centro de su actividad vital, llegando incluso a distanciarse de forma progresiva de los/as amigos/as y la familia.
  • La persona pierde el control sobre el tiempo de uso, de forma que todo gira en torno a ellas y se produce una disminución del rendimiento académico o laboral.
  • Se ponen de manifiesto problemas de sueño, normalmente por alargar el tiempo de conexión hasta altas horas. Además, se descuida la salud y se produce un aumento de la vida sedentaria.
  • Se miente y se manipula sobre el tiempo real de su uso.
  • Cuando se obliga a interrumpir la conexión o cuando se está en un lugar sin buena cobertura o donde no se permite el móvil, se muestra irritable o se dan reacciones de ansiedad, inquietud, ira o agresividad.

 

 

 

 

 

 

¿Cómo cuidarnos y hacer un buen uso de ellas? ¿Qué podemos hacer para prevenir?

 

Ahora bien, puesto que internet y las nuevas tecnologías se han convertido en algo habitual en nuestras vidas, es importante que seamos conscientes de las implicaciones que tienen y que hagamos un uso responsable de ellas. ¿Cómo?

 

  • Céntrate en la información que buscas cuando accedas a internet.
  • Limita el tiempo de uso. Dedica unos momentos concretos y evita estar conectado/a todo el día.
  • Elimina su uso mientras estás con otras personas. Da prioridad a las conversaciones y el cara a cara, a las reuniones y el contacto con los demás. Cuida a las personas con las que estás.
  • Presta especial atención al uso de las tecnologías en niños/as. En menores de 2 años, elimina por completo su uso, y en menores de 5 limítalo; estate muy pendiente del contenido que ven y que ves delante de ellos/as, intentando dar prioridad a aquel con carácter educativo; y, sobre todo, da ejemplo de un buen uso.

 

Las nuevas tecnologías no son malas per se. Lo que puede llegar a convertirse en patológico es un mal uso de éstas. Por eso, si te has sentido identificado/a con alguna de las señales que denotan que haces un consumo excesivo de las nuevas tecnologías, no dudes en contactar con nosotras. Podemos ayudarte.

 

Bibliografía

 

Terán Prieto A. Ciberadicciones. Adicción a las nuevas tecnologías (NTIC). En: AEPap (ed.). Congreso de Actualización Pediatría 2019. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2019. p. 131-141.

 

Llinares Pellicer, M. C., & Lloret Boronat, M. (2008). CIBERADICCIÓN: LOS RIESGOS DE INTERNET. Revista de Análisis Transaccional y Psicología Humanista, 59, 267-296.

 

 

Echeburúa, E., & De Corral, P. (2010). Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto. Adicciones, 22(2), 91. https://doi.org/10.20882/adicciones.196

 

 

 

 

María Cacho

LA PAREJA COMO SISTEMA

No vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos” – Anais Nin

 

Las personas estamos compuestas de un sistema de información que dicta nuestras conductas y condiciona nuestra percepción y cognición. Este sistema está formado por lo que heredamos de nuestras familias y grupos sociales, por experiencias, prejuicios y prescripciones que están también en nuestro contexto dentro de este sistema de información.

 

De la misma manera, la pareja es también un sistema, una estructura organizada para la satisfacción de necesidades básicas, tanto individuales como relacionales, es decir, cumple unas funciones. Entre las múltiples funciones que cubre, podemos destacar:

  • La pareja responde a la satisfacción de las necesidades afectivas propias y del otro.
  • Proporciona estabilidad y apoyo emocional propio y del otro.
  • Satisface la necesidad erótica (vivencias de placer).

 

Los miembros de una pareja deben poseer tanto la capacidad de leer adecuadamente las necesidades del otro como la de expresar las propias. ¿De dónde nos vienen estas necesidades? Estas necesidades individuales, pero a su vez compartidas por todos los seres humanos, provienen de lo que se conoce como el constructo del ciclo de la vulnerabilidad. ¿Qué es esto del ciclo de la vulnerabilidad? Por lo general, nuestras vulnerabilidades son resultado de experiencias en nuestras familias de origen donde podemos haber sentido que nos herían, criticaban, gritaban, descuidaban, rechazaban o abandonaban.

 

Por otro lado, las vulnerabilidades pueden estar relacionadas con experiencias fuera de la familia, tales como maltrato de los/as compañeros/as de colegio, haber vivido una guerra o estar en situación de pobreza. También pueden derivarse de heridas provocadas durante la historia de la relación misma, como decepciones repetidas o infidelidad. O pueden provenir de una situación actual estresante, como quedar exhausto/a por jornadas de trabajo muy exigentes, enfrentar una pérdida o enfermarse.

 

En el ciclo de la vulnerabilidad también entran en juego las denominadas estrategias de supervivencia. Dichas estrategias son creencias y herramientas que las personas adoptan para proteger y manejar sus vulnerabilidades. Suelen estar basadas en premisas del tipo: “Los hombres son peligrosos”; “No se puede confiar en las mujeres”; “Si me acerco demasiado, él me decepcionará”.

 

El ciclo se activa cuando las vulnerabilidades de cada miembro de la pareja se activan, lo que desencadena una puesta en marcha de sus respectivas estrategias de supervivencia con tal de protegerse. Esto a su vez puede conllevar que la otra persona reaccione o se comporte como el otro más teme, confirmando de alguna manera sus premisas básicas.

 

Por otro lado, existe un baile dentro de la pareja que oscila entre dos posturas: la de soporte y la de dependencia. Algunas veces uno/a de los/as dos necesitará más soporte por parte de su pareja y otras le tocará ser el soporte del otro. Cada uno/a debe poseer la flexibilidad psicológica para adaptarse a este baile de dos. A continuación, destacamos las características principales que implica cada una de las dos posturas:

 

Posición de soporte:

  • Asumir la responsabilidad de sostener, cuidar, apoyar, comprender.
  • Capacidad de dar.
  • Capacidad de empatía y de mentalización para actuar en consecuencia.
  • Necesario disponer de seguridad y de autonomía.

 

Posición de dependencia:

  • Asunción de necesidad de cierto grado de dependencia.
  • Asumir el rol de “ser cuidado”. Capacidad de “saber recibir”
  • Capacidad de expresar sus necesidades, de manera clara y transparente.

 

Llevarlo a la práctica no suele ser sencillo y a veces los problemas surgen cuando los miembros de la pareja se regidifican en estas posiciones.

 

Nos gustaría terminar con esta descripción del amor que realiza la Dra. Sue Johnson:

El amor supone la integración, la capacidad de renuncia, la aceptación de las limitaciones del otro y que el otro no puede darte todo. Cuando nos implicamos en una relación de amor adulta, recogemos nuestras relaciones infantiles de amor y desamor. Para podernos implicar en una relación adulta, hemos tenido que aprender a defender, a desarrollar la capacidad de cuidado hacia los demás y la capacidad de compartir.

 

El amor es un proceso constante de sintonizar, conectar, fallar y leer mal las claves, desconectar, reparar y encontrar una conexión más profunda. Es un baile de encontrarnos y despedirnos y volvernos a encontrar. Minuto a minuto y día a día.

 

Bibliografía:

  • De la Espriella Guerrero, R. (2008). Terapia de pareja: abordaje sistémico. Revista Colombiana de Psiquiatría, 37(1), 175–186.
  • Espínola, I. S., Cambranis, A. O., Salazar, M. A. M., & Esteves, C. G. (2017). Aproximación al concepto de pareja. Psicologia Para América Latina, 29, 7–22.

 

Ana Taberna

niño

Una breve mirada al análisis transaccional

Eric Berne planteó un enfoque psicológico al que denominó análisis transaccional, mediante el cual definió los estados del yo como un conjunto de conductas, pensamientos y sentimientos con los que manifestamos partes de nuestra personalidad en momentos determinados. El modelo retrata tres estados del yo que dibuja en tres círculos: el estado del yo Padre, estado Adulto y estado Niño.

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LA TRAMPA DE LA AUTOEXIGENCIA

Vivimos en una sociedad en la que los mandatos sociales de la apariencia y el rendimiento cobran cada vez más relevancia. …

EL perdón

El perdón. Un símbolo de crecimiento personal

El perdón es una virtud que podemos ofrecer tanto a los demás como a nosotros/as mismos/as. De hecho, para poder darlo …

Anticonceptivos

¿Desde dónde elegimos la anticoncepción hormonal?

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